Oddone: pandemia dejará déficit en torno al 8% del PIB en un país con una deuda alta y que no tiene financiamiento

Entrevistado en InterCambio el economista Gabriel Oddone, analizó la situación económica del país y la incidencia sobre ésta de la pandemia, proyectó escenarios de salida a nivel nacional y global, y aseveró que Uruguay está obligado a hacer un ajuste fiscal para volver a crecer.

Oddone explicó primero que el recientemente anunciado “acuerdo de precios” entre el gobierno y los formadores locales de las cadenas de precios, no remite en rigor a ningún “acuerdo de precios” ya que no es esto sino que se trata de “un acuerdo entre el gobierno y los empresarios para postergar los aumentos (de precios minoristas) por un tiempo”, fijado en tres meses. “No es una medida punitiva de parte del gobierno”, no establece obligaciones ni sanciones por incumplimientos, precisó.

Cuando se hacen esos acuerdos siempre es “para combatir la inflación”, pero la teoría enseña a los economistas que “no se controla de esa manera” porque “conducen a mercados negros” y otros fenómenos relacionados, como en “los años ´60” en Uruguay. “Estas medidas intervienen sobre el nivel de precios”, que “no” es exactamente lo mismo que “la inflación” y “en todo caso su eficacia es de muy corto plazo”. Habitualmente “se usan en situaciones extremas” y “bajo circunstancias muy específicas”.

En el caso de nuestro país en este momento, esa circunstancia refiere a que “en muchos acuerdos (salariales) vigentes” entre empresarios y trabajadores, “hay cláusulas” según las cuales si los precios promedio que mide el Índice de Precios del Consumo “superan el 12%”, automáticamente “al mes siguiente habrá un ajuste salarial” para cubrir la diferencia. “Como la inflación en abril alcanzó casi el 11%” y esto es “un nivel bastante elevado, (…) las autoridades visualizan (…) que si en mayo o junio alcanzara al 12%” sucesivamente, lo que “no es muy probable”, entonces “se dispararían estos mecanismos” con los que “una situación puntual” en la que “es fácil trasladar a precios” minoristas “ese aumento” del registro, termina por afectar “el precio final y eso sí terminaría” generando “mayor inflación”, es decir una suba generalizada de los precios. “Las autoridades, presumo yo, quisieron evitar” esto mediante el ´acuerdo de precios´.

Oddone repasó parte de la casuística que deriva en “la inflación”, cuya definición es “un proceso de aumento generalizado de precios” muchas veces causado por “la emisión monetaria”, que no es el caso uruguayo. “Hay muchos lugares” como Uruguay en donde “los precios tienen su dinámica propia”, vinculada por ejemplo “a las expectativas” del mercado. Nuestro país tiene “una economía bi-monetaria”, poco habitual “en el mundo” y en la que predomina “un precio muy muy relevante para el uruguayo que es el tipo de cambio” con el dólar. Cuando las expectativas ligadas a esta variable indican que “el costo de reposición de mercaderías va a aumentar” para las empresas, éstas buscan “trasladarle al precio” esa expectativa de suba del dólar, habiendo siempre quien aun sin recibir aumentos de precios de sus proveedores, “especula” con esta expectativa y remarca hacia abajo de la cadena, un proceso y un práctica que en el mercado local representa en los hechos “una variable” importante.

Actualmente, si bien “tenemos una inflación históricamente menor” en el país, “del orden de un dígito, (…) sin perjuicio de ello sigue siendo muy elevada” en la “comparación” internacional, evaluó el entrevistado, que a continuación citó algunas discusiones conceptuales referidas a “la múltiple causalidad” del fenómeno inflacionario. En Uruguay, afirmó en este punto, “sigue existiendo falta de credibilidad” de los actores económicos y sociales “en la política anti-inflacionaria”, tanto que las partes de la relación obrero-patronal “no confían” en que el registro se ubique “dentro del rango meta” y por esto mismo “establecen” en los acuerdos salariales “un mecanismo” de ajuste y/o corrección, que a su vez induce o conduce “a estos aumentos de precios”. “No ha habido credibilidad en los últimos años en torno a la política inflacionaria”, realidad que requiere la decisión de “discutir si no precisamos un marco de política más creíble para hacer converger la inflación” hacia registros “más razonables”, sugirió Oddone.

Luego, abordó el tema del gasto público en el marco de la pandemia y en cuanto a esto enfatizó que “la urgencia que enfrentamos es tan grande”, que en esta circunstancia “no debería llevarnos a que la motivación fiscal” domine las decisiones políticas al punto de retacear recursos para atender la emergencia. No obstante, sí debe proyectarse desde ahora “cómo ataco” el desafío “fiscal” una vez pasada la pandemia, sabiendo que esta crisis dejará un déficit “en torno al 8% del PIB” en un país “con una deuda en relación al PIB alta y que no tiene financiamiento”, y sin “capacidad” de atraer “inversores como Estados Unidos” (EEUU). Recomendó ir “pensando en 2021” con vistas a que “esta situación mejore” en las cuentas públicas, porque “si no es así”, ese desbalance entre ingresos y egresos “nos va a poner en otra serie de problemas” como por ejemplo dificultad para mantener “el pago recurrente de nuestra deuda”. De cara a lo que Oddone planteó como una corrección o ajuste fiscal indispensable, nuestro país tiene a mano “una herramienta poderosa que es el Presupuesto quinquenal”, cuya utilización en una dirección restrictiva puede “convencer” a los agentes externos de que “Uruguay va a salir de esa situación” fiscal.

Después habló de los caminos hacia el crecimiento económico y criticó “esta mirada de que Uruguay tiene que producir más” para superar la virtual recesión y la crisis, idea a la que valoró como “un poco ingenua” por ser la uruguaya “una economía de mercado”, que en función de este carácter solamente crece si “el inversor” tiene “la creencia” de que invertir le será rentable. Para invertir, “el sector privado requiere (…) expectativas” de rentabilidad y “el sector público” necesita “que alguien le preste”. Si la apuesta principal es al primero, se exige “planes racionales” y “sostenibles en el tiempo”, lo que “requiere de muchas cosas” como determinadas “políticas monetarias”, “de empleo”, “fiscales” y otras macroeconómicas.

El problema económico más relevante para Oddone en esa dirección, radica en que “hoy lo que no tiene Uruguay es sostenibilidad fiscal” y advirtió que “en ausencia de una estrategia clara” para revertirlo, “no vamos a poder tener los recursos para invertir que nos hagan crecer”, especialmente “con las dimensiones de Uruguay”, que ahora necesita instrumentar “un conjunto” de medidas y políticas cuyo “corazón es la política fiscal”. Entonces, “si está fuera de orden, como está ahora, (…) terminamos en problema” mayor y esto es necesario evitarlo para “2021”, recalcó.

En ese sentido, el reto es grande porque “aproximadamente el 70% del Presupuesto es gasto endógeno”, o sea que está “comprometido” con el pago de “deuda pública” y derechos sociales como Seguridad Social y “Fonasa”, por ejemplo. Por lo tanto, el margen “para hacer ajustes” por ese lado es “relativamente limitado”. Ello determina la necesidad de ir “trazando un programa creíble de largo plazo” que según el economista, incluye inexorablemente la modificación de “regímenes deficitarios” en el sistema previsional, es decir hacer “una reforma previsional” que si bien no cambiará las cuentas públicas en el corto plazo, permitirá “mostrarle a quien quiera mirarlo desde afuera que ese desvío sistemático” respecto de la austeridad fiscal, “comienza a corregirse” como tendencia a largo plazo.

En cuanto a metas macroeconómicas “en el corto plazo”, Oddone imagina la aplicación de “un ajuste fiscal corriente” que al final “convergiera a 3,5%” del déficit, es decir “un ajuste fiscal de 1,5% del PIB”, que equivale a “900 o 1.000 millones de dólares” y a este efecto “la creatividad” del gobierno determinará cuál es el diseño más conveniente. “Creo que vamos a ver la combinación de caída de gasto y aumento de impuestos”, anotó.

Acerca del tiempo que puede durar la situación de caída, dijo que “depende de muchos factores” como cuánto “es permanente” y cuánto “transitorio”, ya que “hoy el nivel de incertidumbre es infinito”. Proyectó que “si es de seis meses a un año, el cambio va a ser dramático” empezando por los “efectos sobre el comercio internacional”, con el “riesgo de que si esto es duradero se destruyan cadenas” globales como las “de suministro”.

“Pero también” tendrá -una evolución como ésa- efectos decisivos “sobre el empleo” porque “mientras más dure” la emergencia y la virtual parálisis de la economía, “el teletrabajo se va a consolidar como práctica habitual” y acelerará el desarrollo “tecnológico”, que incidirá “sobre las personas” y sus distintas capacidades de adaptación y manejo de esta alternativa.

“Si esto es una salida en V” como aparentemente está registrando China, potencia que “tardó de cuatro a seis meses en salir de esto”, puede preverse que “todos los demás” necesitaremos el mismo plazo “o más”, por lo que “países como nosotros vamos a tener que dejar pasar el invierno” para retomar el impulso económico, lo que coincidiría con “setiembre”. “Pero si estamos hablando” de un escenario con un “rebrote sanitario”, la extensión de la caída y su impacto “puede llegar a ser inimaginable”, reflexionó.

Sin embargo, matizó el entrevistado, “me adhiero a la tesis de que estamos en un evento de duración corta” y que por ende, “en cuatro a seis meses los países habrán (…) controlado” la situación sanitaria y las actividades “se van a parecer bastante” a cómo eran antes de la pandemia, más allá de que muchas cosas “van a cambiar” en cualquier caso, como que se fortalecerá “el turismo de cercanía” reemplazando en gran medida al de exportación.

Al mismo tiempo, destacó Oddone, “tengo la impresión de que la salida de esto” fortalecerá “al Estado” en lo general, aunque persistirán diferencias según las concepciones dominantes. Los Estados en los que predomina “la lógica de mercado van a mostrar” peores resultados sanitarios, como “EEUU y Reino Unido”, mientras que “China y los países de Europa continental” tendrán mejores resultados sanitarios y mayor cohesión social.

Como resumen en el plano geopolítico, “creo que a lo que vamos a asistir en este momento en el que China va a salir fortalecida” frente al resto, es al mundo como “un lugar que se va a parecer más (…) a lo que vivimos en la inmediata posguerra”, con mayor presencia e intervención “del Estado” en las áreas más básicas y sensibles de la acción y la protección social, aunque esto con las limitaciones de una economía totalmente internacionalizada.

El escenario global resultante de la pandemia será, previsiblemente, como “una cuestión más intermedia entre al capitalismo meritocrático” característico “de EEUU” por un lado y “las economías centralmente planificadas como la china” por el otro. Y “mientras más dure esto, más probabilidades” de que haya “reconfiguraciones severas” y viceversa.