Mujica: nuestras burguesías nacionales, si no están apuntaladas por el Estado, no van a tener jamás el coraje de pelear con el mundo

En su espacio de reflexiones en M24 el ex presidente de la República José Mujica recordó la historia de Uruguay como un país que primero fue una colonia de potencias que no realizaron su revolución burguesa, historia determinante aquí de una burguesía débil con aversión al riesgo y virtual incapacidad de gestión propia, y de una necesidad nacional de importar inversiones como UPM que por esa historia parecen ser indispensables.

“Me hubiera encantado (que UPM) fuera una empresa uruguaya (…) y que los grandes frigoríficos (…) fueran propiedad en alguna forma de ganaderos asociados (…) y que por lo menos las grandes gremiales ganaderas (…) monitorearan y manejaran toda la intermediación ganadera, el sistema de remates, de ventas, que buena plusvalía genera (…) que hubiera estado ligado (…) directamente a los intereses de los productores de carne”, abrió su columna el reelecto senador y líder frenteamplista.

“Me hubiera encantado que la evolución natural de los viejos fundadores de boliche, gallegos y tanos (…) que eso que hoy se llama Cambadu, hubiera podido evolucionar a ser el principal gestor de toda la intermediación de alimentos del Uruguay (…) y no depender de cadenas comerciales que vienen del exterior (…) a explotar nuestro pequeño mercado. Y me hubiera encantado que cuando Saman se vendió (…) la hubieran comprado los arroceros del Uruguay con su vaca, su productividad al frente (…) precisamente que los productores de arroz (…) manejaran la herramienta de la molinería y (…) la venta al exterior”.

“Hubiera preferido que los panaderos del Uruguay (…) hubieran evolucionado hacia la época moderna (…) y fundado sus fábricas de pan y no depender de inversiones que vienen de afuera y los van barriendo como tarro al basural. Podría seguir enumerando ejemplos de nuestra historia económica (…) y esto explica muchas cosas”.

“Claro que hay excepciones que marcan la línea y una excepción ha sido Conaprole, la empresa privada más grande de este país, pero que fue posible por la acción decidida del Estado en la década del 30. Es obvio que (…) la hicieron los tamberos, pero (…) el Estado puso la carne en la parrilla porque Montevideo en las décadas del 20 y del 30 padecía falta de leche, y se tomó la decisión política de copiar un modelo de cooperativa (…) de Bélgica, se trató de adaptar al Uruguay”.

“La primera empresa láctea de América Latina que salió a exportar al mundo (…) Conaprole tiene el mérito de haber forjado la lechería nacional, pero eso fue producto de la asociación y de una decisión política que tomó el Estado en su tiempo”. “Estas cosas nos marcan los puntos débiles” porque Uruguay “fue colonia de potencias feudales como toda América Latina (…) no somos hijos de una colonia de un país industrializado, donde había triunfado la revolución burguesa, como fueron las siete colonias del norte, somos hijos de potencias feudales”.

“Desgraciadamente esto está en nuestra matriz (…) surgimos a la Independencia cuando ya estaba organizado el mercado mundial (…) bajo la batuta, los intereses y la dirección (…) del fenómeno revolucionario que había pasado alrededor del Canal de la Mancha. La historia no es porque sí, no creo en el constructivismo histórico pero tampoco creo que no exista interdependencia entre los fenómenos”.

“Ser independiente políticamente no equivale a descolonizar la cabeza de los dirigentes de la economía. No reprocho lo que no son, no somos lo que no podemos ser, no heredamos una vieja cultura asiática de países viejos, surgimos como pudimos, en un largo proceso de Independencia política, y doloroso, que no equivale a independencia económica y sobre todo, a independencia (…) en la gestión de nuestras cabezas empresariales. No ha sido la falta de capital, no es cierto, porque en realidad somos exportadores netos de capital, allí están las cifras, más de 20.000 millones de dólares de plata uruguaya andan girando por el mundo. Es nuestra pequeñez en materia de capacidad de gestión y de riesgo frente a fenómenos complejos, no podemos competir por ahora frente a un mundo viejo, que hace más de 300 años fundó la Era Moderna”.

“Nuestra dependencia (…) con empresas de intereses mundiales no es otra cosa que el reflejo de la debilidad congénita de nuestras burguesías nacionales. Y no las critico, las compadezco, que no es lo mismo. Por eso pienso que en esta hora, golpeados por esta enfermedad que va a tener enormes consecuencias, no deberíamos caer en el ridículo pamento del perro de hortelano, y terminar vendiendo troncos sin agregar nada, absolutamente nada de valor, porque somos francamente inferiores”.

“En un momento en que precisamos, vamos a precisar inversiones más que nunca, tenemos que entender que si queremos reclamar y sacar algo más, además no debemos cometer el estúpido error táctico de no dejar que se instalen, porque (…) si están instalados tienen mucho para perder y ahí les podemos reclamar y sacar algo más. Pero no debemos cometer el error de correrlos antes que se instalen (…) porque además tenemos experiencia (…) nos bancamos un doble lío con Argentina, recordemos”.

“Pero los intereses de UPM estuvieron contestes en apuntar el surgimiento de una Universidad en Fray Bentos y otras cositas por el estilo”. “Acá hay un juego de intereses (…) no es falta de capital, es falta de oficio para crear grandes empresas, apuntar el riesgo y enfrentar las vicisitudes que impone el mercado mundial. Esta es la verdadera situación, sé que es un tema que da para mucho (…) no puse el ejemplo de Conaprole porque le esté haciendo propaganda (…) para mí es una lección histórica de lo que tiene que hacer el Estado. Nuestras burguesías nacionales, si no están apuntaladas por el Estado, no van a tener jamás el coraje de pelear con el mundo”.

“Este no es un tema laudado (…) es un tema vivo que hay que discutirlo (…) que debiéramos pensar y tener políticas nacionales (…) que no hemos tenido la sabiduría de poder recrear entre nosotros”.