Julio Arredondo, de Educadores para la Paz: el aporte de Julio Castro no solo tiene que ver con Uruguay sino que fue un docente latinoamericano

Entrevistado en InterCambio el docente Julio Arredondo, integrante del colectivo Educadores para la Paz, evocó el aporte y la praxis pedagógica del Maestro Julio Castro a horas de que fuera condenado el represor Nino Gavazzo por el tormento y asesinato del emblemático educador y activista.

Arredondo valoró que la condena firme de Gavazzo por el Poder Judicial “sin duda que es un avance”, incluso habiendo transcurrido “10 años desde el inicio del juicio penal por el asesinato de Julio Castro”, lapso prolongado durante el cual “distintos artilugios fueron dilatando esta sentencia”. No obstante este paso adelante, “hay otros responsables que no han sido penados y por eso seguiremos trabajando para que haya Justicia y Verdad”.

Luego habló del aporte teórico-práctico del Maestro Castro y destacó que “entre las obras que realizó (…) en la década del ´30, del ´40 hasta culminar en el ´49 con el Congreso de Maestros Rurales en Piriápolis, hubo importantes aportes en algunos de sus libros” que el entrevistado mencionó.

“El aporte de Julio fue muy importante en lo que se generó como movimiento social” entre los propios “maestros rurales”, asunto al que “la ciudad le daba la espalda” y era “ignorado por el resto de la población”.

Como ejemplo, recordó “las Misiones Socio-Pedagógicas” en virtud de las que “los muchachos del Magisterio en sus días de vacaciones se iban (…) a lo que se llamaba ´pueblos de ratas´ (…) en las orillas de las estancias”, en donde vivía la “mano de obra zafral para las distintas tareas del campo”.

Como parte de su labor pedagógica y militante con aquellas Misiones, el Maestro posteriormente asesinado y desaparecido por la dictadura realizaba “denuncias” de las “condiciones de vida” de los maestros rurales y de la gente que vivía en aquellos caseríos. Aquella labor de denuncia comprendía “el latifundio” como estructura de explotación “y el minifundio, que es la contracara” de la propiedad agropecuaria concentrada. “En esa época surge el Instituto de Colonización” para dar “tierra a los que la trabajan”, destacó.

La sensibilidad y la comprensión de Castro sobre aquellas condiciones de vida y de enseñanza en el medio rural más oprimido por el latifundio, guardaban relación directa con el hecho de que él “fue un niño que fue a Escuela Rural” y conoció “las carencias y dificultades” de esa existencia. De hecho, para poder cumplir su deseo de seguir estudiando “fue becario”.

La obra y praxis de la figura evocada trasciende las fronteras de nuestro país dado que “el aporte de Julio no solo tiene que ver con Uruguay” sino que “fue un docente latinoamericano”, conocedor de la realidad regional.

Después, Arredondo habló de la realidad en la que creció y se formó Julio Castro y la contrastó con la realidad actual del Interior de la República, tanto en materia de infraestructura y tecnología como de condiciones materiales de vida y de residencia de la población y de los educadores.

El represor José Nino Gavazzo fue condenado este miércoles por el juez Nelson dos Santos a 25 años de prisión como «coautor penalmente responsable» del «homicidio muy especialmente agravado» del maestro Julio Castro.

Julio Castro sobresalió en su profesión de Maestro, como Director de Escuela, Subinspector de Enseñanza Primaria, Inspector Departamental de Primaria y Profesor de Filosofía en los Institutos Normales.

También realizó una carrera destacada como periodista y escritor, realizando publicaciones con importantes aportes en el área de la Pedagogía y con un destacado trabajo en el semanario Marcha.
Fue fundador del Frente Amplio, dirigente de la asociación de maestros del Uruguay y militante de la CNT.

El 1° de agosto de 1977 fue detenido a manos del comisario Ricardo Zabala. Investigaciones posteriores recabaron el testimonios del periodista brasileño Flavio Tavarez Freitas quien aseguró que Castro compartió su detención en el centro clandestino denominado «La Casona».

Según consta en las investigaciones, murió un 3 de agosto del mismo año.

Durante la dictadura se difundió la versión de que el maestro había viajado hacia el exterior; también fueron falsificados documentos con su nombre.

En diciembre de 2009 su familia solicitó que la investigación judicial fuera excluida de la Ley de Caducidad de la pretensión punitiva del Estado. En ese momento el juez competente solicitó al Poder Ejecutivo que se expidiera sobre el caso, que finalmente fue excluido por Resolución presidencial. Las investigaciones prosiguieron por vía judicial.

Sus restos fueron hallados el 21 de octubre de 2011, en un predio lindero al Batallón 14, gracias al trabajo de un equipo de antropólogos de la Universidad de la República.

El 1° de diciembre de ese mismo año el entonces secretario de la Presidencia de la República, Alberto Breccia anunciaba que se había confirmado su identidad.

El antropólogo José López Mazz, integrante del grupo de investigación en arqueología forense, detalló las condiciones en las que fueron hallados los restos.

En diálogo con InterCambio el pasado 1 de agosto, su nieto Ariel contó que algún tiempo antes de su detención, tormento y asesinato, Julio “había tenido un derrame” cerebral, “algún problema de salud” por cuya causa, “si salía” o cambiaba “de rutina se comunicaba” con su familia para avisar. Aquel día “había ido a visitar a unos amigos” pero al no retornar ni comunicarse algunas horas después, “ya de tarde, era claro que se había perdido contacto”.