En recuerdo a Las Muchachas de Abril

En la madrugada del 21 de abril de 1974 fueron asesinadas, acribilladas a balazos las jóvenes Diana Maidanick, Laura Raggio y Silvia Reyes que estaba embarazada de 3 meses.

El operativo realizado en la casa de la familia Barrios-Fernández de la calle Mariano Soler 3098, por las Fuerzas Conjuntas fue dirigido por el Batallón de Artillería Nº 1 con apoyo del de Artillería Nº 2, a cargo del general Juan Rebollo y la participación de los generales Julio César Rapela y Esteban Cristi, y los mayores A. Méndez y José Gavazzo, el coronel Manuel Cordero y los entonces capitanes Mauro Mauriño, Julio César Gutiérrez y el teniente Jorge Silveira.

El operativo militar buscaba dar con el paradero de Washington Barrios, militante del MLN-TUPAMAROS y esposo de Silvia Reyes que estaba en Buenos Aires donde se entera de la muerte de su compañera.

Sandra Menotti, que era otra de las veinteañeras que estaban presas en aquel momento, relata los hechos y responde a nuestra pregunta de por qué es necesario mantener vivos esos recuerdos.

También le pedimos que nos brindara su visión respecto a que, luego de tantos años y tantas situaciones que vivió el país, un militar se permita cuestionar el accionar de la justicia civil.

Washington Barrios, al tomar conocimiento del fallecimiento de Silvia, su esposa, escribe el siguiente texto:

«Silvia era parte de mí como yo de ella. Nosotros hablábamos de todo lo que podría ocurrir en cualquier momento, pero por desgracia pasó una de las cosas peores, y lo peor es en lo personal, haber perdido a mi compañera y a una gran revolucionaria. Con la Flaca decíamos que, si llegaba a pasar algo así, cualquiera de los dos que quedara tenía que luchar y ocupar el puesto de los dos, y eso es lo que voy a hacer y lo más probable es que muera peleando como ella murió. Lo que tenemos que tomar todos es el ejemplo que Silvia nos dio día a día, hora a hora, minuto a minuto. Me mataron a la Flaca y al gurí que estaba en camino…»

En esa carta también pedía que, en la tumba de Silvia y en la suya propia si le tocaba caer, se pusieran estos versos:

«Ya nadie habrá que pueda
parar su corazón unido y repartido.
No digan que se ha ido,
su sangre numerosa junto a la patria queda.
¡Habrá Patria Para Todos!»