Cuatro miradas para el mundo de la posguerra

El escenario actual presenta pocas certezas, pocas incertidumbres. Una de ellas –con prioridad uno- es la necesidad de atender a los más pobres, a los descartados del sistema, a los vulnerables. El futuro a mediano y largo plazo está lleno de incertidumbre.

La actual pandemia -con destrozos silenciosos de vidas, sistemas económicos, costumbres, hábitos, comportamientos y rutinas mentales- está siendo similar a una guerra mundial.

Un desolador panorama es posible ver a cada instante, en fotos, videos y testimonios.
Los gobiernos están desorientados y los ciudadanos tambien.
Esto ha sorprendido a nuestros gobernantes y a nosotros mismos.
Si lo que estamos viviendo es una guerra, ¿cómo será el mundo luego de la misma? ¿Qué será de nosotros, de los gobiernos, de las sociedades y las ciudades?

Voy a explorar algunas cosas, mezcla de deseos y de desafíos urgentes. Me voy a afirmar en 4 personas: un artista plástico austríaco fallecido en el año 2000, un antropólogo español, un escritor chino y finalmente una médica uruguaya.

Hay una pregunta que me parece interesante en estos tiempos: ¿la codicia habla solamente de la acumulación de dinero, de riqueza?

Respondo: rotundamente no. Recuerden esta palabra “codicia” porque asomará la nariz hacia el final de la columna.

El día que amamos a Hundertwasser

Friedrich Hundertwasser es austriaco. Pintor. Nació en 1928 y murió en el año 2000.
Hundertwasser se desempeñó en diversas áreas de conocimiento como la pintura y la escultura haciendo algunos diseños de edificios.

Hundertwasser tiene un vínculo con la obra del catalán Antonio Gaudí. Primero fue Gaudí, que rechazó las líneas rectas afirmado, como Hundertwasser, en que la naturaleza no muestra líneas rectas.

Pero el austríaco fue más lejos que Gaudí. En primer lugar, porque el color, el diseño de fachadas, intervenciones urbanísticas, reciclado de centrales eléctricas, por ejemplo, fue movido por un fuerte ambientalismo.

Propuso en toda su obra un compromiso fuerte con una idea central: reconciliación de los humanos con la naturaleza.

En materia plástica y arquitectónica se pueden observar los denominados Hundertwasserhaus. Son apartamentos de bajo costo en Viena, cuyos pisos ondulantes constituyen la principal característica, tejados recubiertos de tierra y vegetación, y grandes árboles creciendo dentro de las habitaciones, con sus ramas extendiéndose por las ventanas. El artista nunca cobró por el diseño de dichos edificios.

En 1972 publicó un manifiesto llamado “Derecho a la ventana” (Your window right — your tree duty), en el que sugería que plantar árboles en entornos urbanos debía ser obligatorio. “Nos asfixiamos en las ciudades a causa de la contaminación atmosférica y la falta de oxígeno. La vegetación que nos permite vivir y respirar está siendo destruida sistemáticamente. Nuestra existencia está perdiendo dignidad”, escribió en 1972.

En esta entrevista -de las pocas que concedió- Hundertwasser define su ideología ambientalista.

Dijo: “la pintura que hago se afirma en los árboles, plantas y otras cosas de la naturaleza (…) la naturaleza es mi profesora”.

Hundertwasser vivió hasta su muerte en Nueva Zelanda. Allí hizo su casa, con botellas de vidrio y techo con pasto. Y allí fue enterrado, debajo de un tulípero americano, en una zona de su terreno que él había llamado “Jardín de los muertos felices”.

Hoy, que el aire de las ciudades es más limpio porque hay menos automóviles circulando y menos fábricas contaminando, me acordé de Hunderwasser.

La especie juega con fuego

Eudald Carbonell es español. Nació en Gerona en 1953. Es antropólogo, geólogo y paleontólogo.

Hace pocos días concedió un par de entrevistas. En una de ellas dijo:

“si no se hace nada, la próxima pandemia

vendrá y provocará el colapso de la especie”

Carbonell -que recibió el premio “Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica” en 1997 alertó de la falta de conciencia crítica y de la necesidad de romper con la globalización para garantizar nuestra supervivencia

En una reciente conversación con el periodista español, Iñaki Gabilondo, Carbonell dijo:

Carbonell dijo en otra entrevista que “la uniformización es un peligro evolutivo y tenemos que ir hacia la planetización, que es otro concepto muy distinto, que consiste en mantener la diversidad y en el futuro, cuando seamos más listos y más inteligentes, integrar esta diversidad.

Debemos mantener la memoria del sistema. ¿Por qué? Porque si no mantenemos las conductas, las culturas, las lenguas y el conocimiento del sistema y tomamos una sola dirección y rompemos con la diversidad, nos vamos a estrellar porque no habrá ninguna memoria que pueda corregir nada. Por lo tanto, no estamos preparados aún para uniformizar el planeta, además uniformizar no es la mejor idea que puede tener la especie, es la peor. Ya lo estamos viendo.”
Eso es la actual peligrosa globalización.

Y agrega: “cuando tú haces desaparecer la diversidad de un sistema, desde el punto de vista de la paleontología humana, el sistema corre peligro. Porque no hay alternativas. Es decir, hace 40.000 años había cinco especies de humanos en el planeta. Esta muestra de diversidad permitía, en el caso de un ataque de pandemia o de cambio climático, que hubiera gente adaptada a todo tipo de sistemas, con lo cual, si un sistema fracasaba en África, había otro en otro sitio. Pero claro ahora que todo es uniforme los sistemas fracasan y colapsan todos juntos. No hablo de dinámicas de países, sino de la especie. “

La realidad que no quisimos ver

Liú Cixin es un escritor chino de ciencia ficción nacido en 1963, ganador en nueve oportunidades del premio Galaxy y una vez de premio Xingyun. Está considerado como uno de los más prolíficos y reconocidos escritores del género en China. Antes de ganar fama como escritor, trabajaba como ingeniero en una central eléctrica en Yangquan, provincia de Shanxi.

Liu creó un nuevo tema clásico en la ciencia ficción china, y sus escritos están enfocados principalmente en el rol de China en un mundo futuro.

“La tierra es una solitaria nave espacial que viaja por la vasta inmensidad del universo, quizá algún día seamos conscientes de lo pequeña que es cuando una enfermedad contagiosa se propague en su interior”, dijo el año pasado el escritor chino.

2007, el año de la advertencia

La doctora Alicia Ferreira fue hasta hace poco la directora del Fondo Nacional de Recursos. Es hija de la poetisa tacuaremboense Circe Maia.

La doctora Ferreira me mando un documento, que es una revisión muy profunda publicada en una revista prestigiosa de Microbiología, en el 2007.

En ese documento de hace 13 años, analizan el comportamiento de los coronavirus que provocan infecciones respiratorias, sus características genómicas, y su vinculación con los animales exóticos.

Dicen que son enfermedades zoonóticas (se trasmiten de los animales al humano), pero que en su mutación puede transmitirse de humano a humano.

En los párrafos finales de ese documento de hace 13 años, dicen: «Deberíamos estar preparados para una re emergencia de los SARS». (Sars quiere decir Sindrome Respiratorio Agudo Grave, en inglés. Son síndromes causados x coronavirus).

Y subraya: “La presencia de un enorme reservorio de coronavirus tipo SARS en los murciélagos, asociada a la cultura de comer estos animales exóticos en el sureste de China, es una bomba de tiempo».

Esto se escribió hace 13 años en una prestigiosa revista de Microbiología.

Alguna conclusión

Al principio de la columna pedí que no se olvidaran del término “codicia”.
Este término tiene dos acepciones:

  1.  Deseo vehemente de poseer muchas cosas, especialmente riquezas o bienes.
    «voraces fariseos, no poseen más moral que la de la codicia; las constructoras acechaban con codicia esos terrenos»
  2. Deseo vehemente de poseer o lograr una cosa inmaterial, en especial algo bueno. «Codicia de saber; nuestro equipo no mostró codicia alguna y, con un esquema temeroso y excesivamente defensivo, no llegaron a inquietar al rival»

Bien, quiero decir que, en estas horas, el mundo parece valorar el conocimiento científico. Descubrimos que hay investigadores en biología, infectólogos, bioetólogos, etc.
Agradecemos, aplaudimos y les cantamos a los médicos, enfermeros, cocineros de hospital y personal de limpieza.

Los valoramos. Quizás el tiempo que se venga, el tiempo de posguerra, -ojalá- sea el tiempo de ser codiciosos en conocimiento. Ambiciosos. Que acumular conocimiento científico en pos del bienestar general sea la nueva forma de codicia, de ambición. Recuerden lo que ambicionaba Hundertwasser.

Linng Cardozo
15 de abril de 2020

MATERIALES CONSULTADOS

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