Canzani: la discusión sobre cómo transitamos esta etapa de la pandemia y cómo repartimos los costos económicos es una discusión legítima

En su columna semanal en InterCambio el sociólogo Agustín Canzani planteó la pertinencia de que el sistema político abra espacio a un necesario debate sobre cómo la sociedad distribuirá el costo social y financiero de la lucha contra la pandemia de Covid-19, costo que incluirá endeudamiento externo.

Canzani enmarcó su columna en la idea de que esta crisis general que se abre en el país como efecto de la pandemia de Covid-19 “es importante” porque “plantea desafíos en aspectos sanitarios, económicos y sociales”; y también es importante debido a que “se diferencia de otras crisis” como la “de 2002” porque esta crisis “no es nacional, no es regional” sino que “es global” ya que “se manifiesta tanto en países centrales como periféricos”.

En ese contexto, resulta relevante que haya “un clarísimo consenso en que los efectos van a exceder mucho” a la dimensión “de la Salud” y también que haya acuerdo en que “se va a poder derrotar” al contagio masivo “con la aplicación de los recursos que la sociedad tiene a su alcance y con un comportamiento social que tiene que ser responsable y comprometido”.

Al mismo tiempo, “la alarma” activada por “los efectos económicos y sociales” de esta crisis dispara “dos grandes preguntas” que pueden introducir el tiempo de los disensos: “la primera es cómo transitamos este periodo” en cuanto a las consecuencias “económicas y sociales”; y la segunda plantea “como paliamos” las consecuencias sabiendo que “habrá efectos más estructurales que se van a mantener más allá de la coyuntura”.

Citó en esa dirección la catarata de solicitudes de seguro de paro, el efecto que esto tendrá a la baja sobre los ingresos, el impacto negativo que esto producirá en el consumo y el efecto decreciente que esto a su vez generará en la actividad económica. “En los próximos meses vamos a ver surgir situaciones de privaciones y también de pobreza”, advirtió Canzani.

La situación actual “implica dos tipos de actitudes diferentes de los actores políticos”: por un lado, “un apoyo” opositor “al gobierno” en materia de medidas sanitarias, apoyo que no obstante “no puede dejar de ser crítico”; y por otro lado, “la dimensión económica y social, que es otras dos cosas” y que a su vez “tiene dos grandes partes”, de la que “una primera es cómo hacemos el tránsito” de la etapa actual a la salida de la pandemia, y una segunda radica en “cómo se auxilia a las personas directamente afectadas (…) en términos de ingresos (…) cómo se auxilia en términos sociales” la enorme casuística de pauperización y pérdidas, en la que “hogares monoparentales con jefas de hogar mujeres es solo un ejemplo”.

Habiendo conciencia de que “es difícil pensar que el día después sea igual que el día anterior”, y también de que habrá “efectos económicos y sociales que no se van a poder revertir” después de que termine la pandemia, queda claro que “la sociedad tiene que enfrentar esos efectos y acá se abre de nuevo una discusión”; ésta inexorablemente “tiene que ver con cómo se enfrentan esos efectos y cómo se financian”, y a partir de esto, “cómo se va a repartir el costo” del endeudamiento externo que el país “va a tener que asumir” contratando préstamos; se trata esta de “una discusión política inocultable y una discusión de política mayor”, puntualizó el analista.

Otra encrucijada a resolver remitirá al destino de la mano de obra cesante en principio transitoriamente, y las opciones pasarán por “recontratar” a esa fuerza de trabajo que ahora está en su casa o realizar “un ajuste implícito facilitado por esta coyuntura” y que se traduciría en despidos definitivos.

Todo lo planteado por el director de la Fundación Liber Seregni supone “una discusión política necesaria” cuyos capítulos centrales en este momento son “cómo elegimos transitar esta crisis” y “cómo nos organizamos el día después”, incluyendo aquí el reparto “de costos”.

En definitiva, más allá del “apoyo al combate a esta enfermedad” y del “aliento a esas actitudes” preventivas contra la propagación del virus, “la discusión sobre cómo transitamos esta etapa y sobre los costos económicos es una discusión legítima”, remarcó el sociólogo, concluyendo al respecto que “el país tiene que abrir un espacio” para permitirse “esa discusión”.