Venezuela: la relevante incomodidad para las izquierdas

“Yo si fuera la derecha militaría para que Maduro permanezca de por vida”. Esta frase la dijo Pablo Stefanoni, periodista e historiador, jefe de redacción de “Nueva Sociedad” en un coloquio realizado en La Huella de Seregni, el pasado martes 16 de julio, coordinado por Agustin Canzani y que contó con el apoyo de la Fundación Friederich Ebert.

El encuentro contó con la participación de Gloria de la Fuente, presidenta de la fundación chilena Chile 21 y Artur Henrique, ex presidente de la CUT e integrante de la Fundación Perseu Abramo.
El tema fue “Izquierda: crisis y renovación”.
Me voy a detener en un tema que estuvo sobre la mesa: Venezuela.
Stefanoni y de la Fuente con críticas a Maduro y Henrique apoyándolo.

Pero más allá de esos apoyos o cuestionamientos, quedó claro que Hugo Chávez, Venezuela y Maduro son elementos centrales que –acompañados de poderes comunicacionales muy influyentes- son cotidianamente aspectos de la agenda de muchísimos países. Y los sectores más conservadores u opositores de las izquierdas, utilizan esos temas para cuestionar a las izquierdas locales y erosionarlos políticamente.

Pero más importante –por eso me detengo en ello- es la incomodidad que le genera a las izquierdas del mundo que se hable de Venezuela, que le pregunten sobre Maduro, y como califican lo que ocurre allá. (Varios periodistas uruguayos, por ejemplo, piden que dirigentes de izquierda utilicen la palabra “dictadura” para calificar al gobierno de Venezuela. El último fue el periodista Leo Sarro la semana pasada, que llego a poner el siguiente texto en un tuit, tras entrevistar a Daniel Martínez: “y no utilizó la palabra dictadura”).

Empleo la palabra “incomodidad” porque recientemente Graciela Villar –elegida candidata a vice junto a Daniel Martínez- dijo lo siguiente: “no saben la incomodidad que me genera que me pregunten sobre Venezuela”.
Veamos entonces.

Chávez fue elegido presidente de Venezuela en las elecciones de 1998. Fue reelegido nuevamente en las elecciones del año 2000, poco después se enfrentó a un fallido golpe de Estado en su contra en 2002, al que le siguió el llamado «Paro petrolero», que se prolongó hasta 2003. Ganando el referéndum presidencial de 2004, es reelecto en las elecciones de 2006, donde obtuvo más del 60% de los votos y volvió a obtener la victoria en las elecciones de octubre de 2012, pero no pudo juramentarse como presidente, planeado para el 10 de enero de 2013, debido a que la Asamblea Nacional de Venezuela pospuso la investidura para permitirle recuperarse en Cuba del cáncer que padecía.

Tras aprobar una nueva constitución en 1999, Chávez centró sus políticas en implementar una serie de reformas sociales como parte de la llamada «Revolución Bolivariana», descrita como un tipo de revolución socialista.
Gracias a unos ingresos petroleros récord durante la década de 2000, su gobierno nacionalizó industrias estratégicas, creó los Consejos Comunales de participación democrática e implementó una serie de programas sociales conocidos como Misiones Bolivarianas para ampliar el acceso de la población a la alimentación, la vivienda, la sanidad y la educación.

El año 2002 fue bisagra para el chavismo. Ahí vio lo que intuía: los poderes conservadores iban a librar una batalla sin cuartel con el afán de reconquistar el poder.

Parece claro que en función de la renta petrolera, el chavismo logró una base social que se estira hasta estos días. Sin esa base social y sin el poder militar, Maduro ya hubiera caído.

El chavismo fue para las izquierdas del mundo un nuevo faro e, incluso, una suerte de nuevo líder con un vocabulario y acción que permitía a estas izquierdas reencontrarse con una lejana liturgia.

Dueño de una verborragia sin igual –con gran poder de comunicación- Chávez llegó a las mismas entrañas de los Estados Unidos, tanto en sesiones de las Naciones Unidas o en apoyo de los negros del Harlem y del Bronx.

“Bush es un alcohólico, un hombre enfermo y acomplejado”, dijo el mandatario venezolano, durante un discurso en la iglesia baptista Monte de los Olivos de un barrio neoyorquino, cuando anunció el programa de combustible barato para calefacción que Venezuela patrocinaba para comunidades desfavorecidas. Era uno de sus puntos más altos de popularidad. Pero después vino la caída de los precios del petróleo y el cáncer. Y después llego Maduro, que no es Chávez.

Tras la muerte de Chávez, ocurrida en 2013, la sociedad venezolana comenzó a vivir tensiones inusitadas. Una acción alimentaba otra contraria, se similar fuerza y naturaleza. Las partes enfrentadas dialécticamente fueron relatando el drama.

A partir de esas fechas, la economía del país empezó a titubear, mientras que la pobreza, la inflación y la escasez se incrementaron, lo que sus críticos achacaron a las acciones económicas de su gobierno en años anteriores, como los controles de precios y el gasto «excesivo e insostenible». El país experimentó un aumento significativo de la criminalidad, especialmente de la tasa de homicidios y en sus últimos años aumentó la percepción de corrupción en el gobierno y la policía. El uso de leyes habilitantes y de formas de comunicación definidas como «propaganda bolivariana» también fue polémico.

Los sectores opositores titubeaban en sus acciones. No se presentaban a elecciones, se presentaban, perdían, ganaban y el gobierno de Maduro respondía con mayor radicalización, etc.

Desde el 2013 a la fecha –seis años- Venezuela pasó de ser el faro de las izquierdas en el mundo, al problema de las izquierdas en el mundo.

Durante todo este tiempo, Venezuela se fue degradando, cayendo hasta profundidades inimaginables, con deterioro creciente de la convivencia, con actos reñidos con los derechos humanos. Violencia desembozada, alimentada por unos y otros. Una sociedad polarizada, en donde se juegan diversas batallas, algunas de alcance geopolítico. (No es casual que Rusia, Iran y China estén apoyando a Maduro).

Fijémonos en esto. En Estados Unidos –dueño y articulador de la estrategia opositora en Venezuela- Trump ataca al Partido Demócrata por ser –dice Trump- condescendiente con Venezuela. Más todavía, Bernie Sanders, dirigente demócrata autoproclamado con ideas socialistas y respetuoso de Hugo Chávez, ha sido foco de los disparos de Trump llamándole “comunista”.

Hace bien poco, el 6 de febrero, Trump habló en el Congreso y –ya en campaña por su reelección- introdujo el tema Venezuela. Sanders estaba en sala.

Es tal el peso de Chávez y Venezuela que hasta fue utilizado en una publicidad. En noviembre de 2011, la empresa italiana Benetton divulgó un fotomontaje en nombre de la lucha «contra el odio». En la campaña aparece Hugo Chávez dándose un beso en la boca con Barack Obama

En Francia, al dirigente de “Francia Insumisa”, Jean Luc Melenchon, le dicen el “Chávez Francés” y ha debido debatir sobre este tema en las elecciones pasadas.

En España, el partido Podemos ha recibido permanentes acusaciones de ser financiado por Venezuela. Ha habido juicios incluso que no encontraron nada irregular.

En México, Manuel López Obrador recibió una furibunda campaña como continuador del chavismo. Pese a eso, ganó las elecciones y allí no hay nada de chavismo o de madurismo.

En Argentina, en estos mismos momentos la diputada gubernista Lilita Carrio, dice que Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Axel Kicillof quieren hacer de Argentina otra Venezuela.

En todos los países de las tres Américas, Venezuela es un pretexto para atacar a las izquierdas. En Italia también se ha usado al chavismo para atacar a las izquierdas. Pero me detengo en hecho que habla de la trascendencia de Chavez en el mundo.

Igor Camilli, secretario general de PS de Italia, cuando murió Chavez en el 2013, señaló que este “no es sólo un momento de recordación, sino también de lucha y apoyo incondicional a Venezuela que libra hoy una guerra contra el capitalismo interno y el imperialismo”. En un rincón del sur de Italia, las transacciones en moneda no estatal, no solo son aceptadas por los comerciantes locales, sino que son incentivadas por el gobierno. La pequeña localidad calabresa Gioiosa Ionica, de 7.000 habitantes, es actualmente el hogar de un grupo de solicitantes de asilo.

Estos reciben billetes raros, o «tickets» como se les conoce, como parte de un sistema de vales. Los refugiados pueden gastar el dinero en lo que quieran, pero solo dentro de la ciudad, para que las empresas locales se beneficien.

En lugar de joyas arquitectónicas europeas, los billetes muestran retratos de una colección de líderes comunistas e izquierdistas: Che Guevara en el falso billete de €10, Hugo Chávez en el de €20 y Karl Marx en el de €50.

El reverso muestra la firma de Giovanni Maiolo, el coordinador de los servicios de refugiados de la ciudad.

El Chávez en la memoria

Parece que el recuerdo de aquel Chávez, la memoria de Hugo Chávez, impide hacer juicios críticos sobre este Maduro.

La actitud binaria –Maduro si, Maduro no- o –Imperialismo si, Imperialismo no- impide ubicar el justo juicio.

Escuchemos a aquel Chávez bajo la lluvia, su discurso el 4 de octubre de 2012, en el cierre de campaña, poco antes de morir.

Ese era Chávez. El mismo Chávez que recibió el pedido del presidente Jorge Batlle, a través de Alberto Couriel para que le vendiera petróleo en plena crisis.

Es el mismo Chávez que puso dinero para Alur, para generar empleo en el vértice norte del país, en Artigas, o la donación de 10 millones de dólares para el Hospital de Clínicas, o el apoyo a Funsa o cuando compró COFAC, la herencia maldita del sistema financiero, y lo transformó en Bandes desde 2005.

¿Cuánto pesa ese Chávez en las reflexiones por estas praderas del Sur?

Ese Chávez era el mismo que fue visitado por empresarios uruguayos que le querían vender desde leche hasta espejitos de colores. Había plata, el barril de petróleo a 100 dólares.
Pero Chávez murió y llegó Maduro.

Maduro habló de poder mediático.
Pues bien, esta situación es claramente –también- un enfrentamiento comunicacional, una batalla comunicacional.

Los sectores políticos e internacionales que se oponen al chavismo, a Maduro, han desplegado una enorme estrategia comunicacional para desgastar a Maduro y, de carambola, para erosionar a aquellos sectores afines al chavismo. Eso es en todo el mundo, como ya hemos visto.

Batallla comunicacional: esto ocurrió en la frontera con Colombia en febrero de 2019.

Como se vio luego, pocos días después, aquellos camiones incendiados, no fueron responsabilidad del ejército venezolano, sino de los propios opositores a Maduro y que apoyan a Juan Guaidó. Pero durante varios días, quedó impregnada la agenda con los camiones incendiados, que tenían ayuda humanitaria, provocados “por el madurismo”.

En Uruguay

Aquí en el país, durante 6 años aproximadamente, los opositores al Frente Amplio le han dedicado horas y horas a cuestionar al gobierno de Tabaré Vázquez y a la propia coalición gobernante.

Parece haber habido una suerte de confusión y actitud a la deriva, sumado a apoyos explícitos al proceso bolivariano.

Mucho titubeo, escasa convicción, sobriedad en algunos casos, omisión en otros, defensa a ultranza del proceso venezolano y una política de gobierno de no ingerencia en los asuntos internos de Venezuela. Esto acompañado de fuertes esfuerzos para una salida democrática y pacífica a la crisis.

El ex presidente Mujica ha sido cauteloso. En algún momento dijo que Maduro estaba “loco como una cabra”. Y nada mas. El ex presidente Raúl Sendic quiso desmarcarse en 2015 de la lógica de defensa del madurismo. Fue en marzo de 2015 cuando dijo que no le constaba que Estados Unidos llevara adelante acciones injerencistas en Venezuela. Maduro le respondió en cadena de radio y televisión. Dijo que Sendic era un “cobarde” y que hacía buena letra con Estados Unidos. Sendic se calló. Dos años después, en abril de 2017, en esta radio, Sendic aludió a Maduro: “se le fue la moto”, respondió.

El ministro Astori ha cuestionado pero siempre dando legitimando al gobierno que integra y su política facilitadora del dialogo entre las partes enfrentadas. Lo mismo el canciller Nin Novoa.

El gobierno se Vázquez ha emitido 27 pronunciamientos críticos sobre Venezuela. Pero eso no ha calmado a la opositición. Parecen reclamarle que el gobierno diga que allá hay “dictadura”. Parece que los sectores anti Frente Amplio –que no quieren el diálogo entre las partes, sino que Maduro se vaya, cuando saben que no se va a ir- buscan que Maduro continúa para solidificar su campaña de desgaste y erosionar la confianza de la gente sobre el Frente Amplio.

Algunas aproximaciones a conclusiones

  1. Me refugio en algunas afirmaciones que ha realizado Pablo Stefanoni en diferentes documentos y en un artículo que publicó meses atrás en La Diaria.
    Es imperioso que las verdades incómodas no las monopolice el adversario; que la misma izquierda pueda verbalizarlas, procesarlas y apostar a corregirlas.
  2. “El modelo bolivariano, que durante años funcionó como un faro que inspiraba a otras fuerzas políticas en la región, hoy es un lastre. La crisis que atraviesa Venezuela debería generar un debate acerca de los límites y errores del único país que se autoproclamó socialista después de la caída del Muro de Berlín.”
  3. Frente a la deriva, una parte de la izquierda crítica intentó anclarse en una suerte de “melancolía chavista” y atribuir los problemas al liderazgo de Nicolás Maduro, el “hijo de Chávez”, y no a las propias decisiones del gobierno de Maduro.
  4. La profundidad de la crisis (hiperinflación, derrumbe del Producto Interno Bruto, inseguridad), la bélica polarización y a la falta de espacios de deliberación política real en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), impidieron la emergencia de un “chavismo crítico” con incidencia social.
  5. Ante esas dificultades en el partido gobernante, se creó el Frente Amplio Venezuela Libre, que agrupa fuerzas vivas, iglesias, partidos e intelectuales de diferentes tendencias.
  6. Durante 6 años, la agenda de muchos países estuvo y está contaminada con este tema, y eso –por lo menos en Uruguay- ha ido minando la percepción sobre la izquierda que poseían algunos sectores de la clase media, una clase media importante, con pilares valóricos que están en controversia con la Venezuela del dolor.

ALI PRIMERA/En dolor mayor.

Linng Cardozo
24 de julio de 2019