Triunfo para Trump: ¿se terminará la guerra comercial?

La idea de que China logró su despegue tecnológico robando información y copiando logros ajenos fue uno de los reproches más importantes del presidente estadounidense Donald Trump para justificar la guerra comercial. Una ley recientemente aprobada por el legislativo chino responde a las críticas y protege la inversión extranjera.

“A ninguno de los dos países le sirve estar mal con el otro”, así han descrito muchos analistas la necesidad de poner paños fríos sobre el conflicto comercial iniciado por Estados Unidos contra China. En esta ocasión en particular la autoría le corresponde el economista argentino Jorge Castro, especializado en análisis político internacional.

Desde fines de los años 1970, y enfáticamente desde 1980, China impulsó su modernización basada en un modelo de entrada de capitales externos a través de inversiones que dinamizaron una economía fuertemente perimida. Así en cuestión de 50 años el gigante asiático se convirtió en la segunda economía mundial y, en poco más de 35, logró que más de 800 millones de personas salieran de la pobreza extrema.

De acuerdo a las últimas estimaciones, el país cuenta con unas 960 mil empresas extranjeras, cuyas inversiones acumuladas hasta fines del 2017 ascendían a 1 billón y medio dólares. Empresas que no solo dejaron al país un shock de capitales, sino que además impregnaron diferentes áreas de actividad de un ‘know how’ (saber hacer) que fue determinante para el posterior desarrollo tecnológico e industrial de la nación.

“Robo” y “copia” fueron algunas de las expresiones de Trump respecto a la política china. Desde la campaña electoral, el mandatario criticó la actuación “desleal” de ese país para con empresas extranjeras, y en particular estadounidenses, a las que a cambio de mano de obra barata y buen clima de inversiones, les quitó su mayor activo: el conocimiento.

“Esto es parte del acuerdo que existe entre Estados Unidos y China sancionado entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping, que tuvo lugar en Buenos Aires el 1 de diciembre de 2018 con motivo de la reunión cumbre del grupo de los 20. En este sentido, tiene un carácter de cooperación y negociación permanente entre las superpotencias”, apuntó Castro.

La normativa, aprobada por 2929 votos contra 8 por el Congreso Nacional de China, reemplazará las leyes del período de apertura en los años 80 y unificará los criterios a nivel nacional. El documento, que entrará en vigencia el año próximo, brindará mayor seguridad y confidencialidad a los inversores. Las compañías extranjeras ya no estarán obligadas a transferir tecnología a las nacionales y los empleados locales no podrán divulgar información considerada sensible, a la cual hayan tenido acceso durante el cumplimiento de sus tareas.

“El objetivo es otorgar una garantía irrestricta a las empresas transnacionales que inviertan en China, sobre todo en lo que se refiere a la propiedad intelectual. Este es el mayor grado de resguardo a la inversión internacional que ha tenido China en toda su historia”, agregó el experto.

Como efecto se espera que la persecución a empresas chinas de alta tecnología como Huawei (cuya competencia con Estados Unidos por desarrollar la tecnología 5G ha estado en el centro del escenario económico), deje de ser el blanco de las sanciones estadounidenses.

Según dijo Castro a Sputnik, uno de los términos del acuerdo que dio luz verde a la nueva normativa estuvo ligado a este punto. Se estableció el “cese la persecución política y estratégica contra las empresas chinas, sobre todo las de alta tecnología en el exterior y en primer lugar respecto a la empresa Huawei”, finalizó.