Sindicalismo continental se domicilia en Uruguay, bastión democrático ante avance regional de “una agenda radical de destrucción de derechos”

En su columna semanal en InterCambio, Álvaro Padrón cedió el espacio al sindicalista Iván González, coordinador político de la Confederación Sindical de las Américas (CSA), entidad que acaba de instalar su sede en Montevideo tras dejar el Brasil de Jair Bolsonaro.

Padrón dio lugar en el aire a González señalando que ese cambio de domicilio institucional de la CSA “es una buena noticia” para nuestro país y representa “otra señal del respeto y la valoración de la democracia y las relaciones laborales que hay en Uruguay”.

González celebró en ese sentido lo “bueno” de que “tenemos a Uruguay y a Montevideo” como alternativa desde la cual funcionar orgánicamente hacia todo el continente como entidad aglutinadora del movimiento sindical.

Desde la posguerra, la CSA tuvo sus sedes en México, Caracas y más recientemente en San Pablo, pero fue necesario volver a moverse porque “el clima político de Brasil se vino complejizando” con los cambios posteriores al PT, que configuran “una situación de muchas limitaciones”.

Tras reseñar las etapas políticas de Latinoamérica en las últimas décadas, el dirigente caracterizó que “lo que estamos viendo ahora es una derecha que llega” al gobierno “por una elección” o bien “fragilizando” la institucionalidad democrática, como ha sucedido, por ejemplo, en Argentina y Brasil respectivamente.

Pero en todos los casos lo está haciendo con “una agenda radical de destrucción de derechos”, objetivo que “en el mundo del trabajo es muy fuerte”, que en términos generales “tiende a debilitar la democracia” y a “destruir derechos” y que como parte de un proyecto a escala trasnacional, “esa agenda se exporta y se expande” entre países y regiones, explicó.

“En América Latina, salvo el buen resultado en México” que representa el gobierno conducido por López Obrador, “Uruguay que se mantiene y Bolivia, el resto de los país estamos en una situación prácticamente de tierra arrasada” con la “vuelta de una agenda conservadora, reaccionaria y con ribetes fascistas en algunos casos”, un nuevo escenario que “nos obliga a reorganizar nuestra estrategia” sindical a escala continental, describió.

“En Argentina no existe más el Ministerio de Trabajo” como parte de una política oficial orientada a liquidar “la negociación colectiva” y golpear “duramente la organización” de los trabajadores, “pero en otros países” como “Colombia” el contexto es de “represión” abierta y generalizada contra el movimiento popular, incluyendo el “asesinato de sindicalistas”.

“En Brasil” la estrategia antipopular de la ultraderecha gobernante se despliega “por vías administrativas y por vía de la criminalización” de la organización y la lucha social. Se plantea así un desafío que supone “una cuestión de vida o muerte para el movimiento sindical”, alertó el dirigente.

Desde esa lectura de los acontecimientos, el movimiento sindical debe construir “una agenda” de acción para “recuperar la capacidad de organizar y sindicalizar” trabajadores, “también construir una agenda unitaria que evite la pulverización del movimiento sindical” y además diseñar una “alternativa de propuestas” como respuesta política general a la coyuntura.

“No habrá desarrollo si no hay democracia” en nuestros países, de ahí que sea “muy delicado el momento que vivimos”, reflexionó. Entonces se trata simultáneamente de “resistir” el embate derechista, de “garantizar las conquistas” de los años anteriores y de promover “la acción política” integral ya que “el sindicato no puede ser ajeno a la disputa política”.

Por el contrario, “el sindicato es un actor para la defensa y el avance de la democracia”, que no consiste en “sólo elegir cada cuatro o cinco años al gobernante” de turno. “Y frente a los empleadores también somos actores de la economía y agentes del desarrollo” nacional en cada país, lo que torna clave “la articulación de las alianzas” dado que “el movimiento sindical solo no va a poder enfrentar este momento”, advirtió González.

Por el contrario, “tenemos que estar juntos con lo que es diverso a nosotros” y esto incluye los “derechos campesinos, de la mujer” y la interacción “con los partidos” para estar en situación “de equilibrio”. Todo ello debe desplegarse “ratificando la soberanía y autodeterminación de los pueblos”, porque “lo que está pasando en Venezuela” y el resto de “la región” implica un riesgo elevado de “volver” a un escenario “guerrerista”.