Rafael Freire, de la CSA: o paramos esta oleada neoliberal y disputamos valores, o podemos tener una barbarie muy severa en nuestros países

En su columna semanal en InterCambio Álvaro Padrón estuvo acompañado por el secretario general de la Confederación Sindical de las Américas (CSA), Rafael Freire, con quien compartió el análisis de la compleja coyuntura brasileña, latinoamericana y mundial.

Freire abordó primero el tema de las relaciones políticas entre los movimientos sindicales latinoamericanos y los gobiernos progresistas y de izquierda de la región, explicando por qué ha sido y es tan natural e incluso necesaria la identificación y defensa sindical de esos gobiernos que representan los intereses comunes de las grandes mayorías en cada país.

“Tuvimos la experiencia de convivir con el gobierno Lula y el gobierno Dilma” y durante esos tres periodos del Partido de los Trabajadores “nunca tuvimos duda (…) de que se confundieran (…) con la oposición ni con la derecha”, puntualizó el sindicalista brasileño.

Del mismo modo, con el movimiento sindical “en Brasil pasó la misma cosa” que con su par uruguayo ante los gobiernos del Frente Amplio: organizaron paros generales y muchísimas medidas de lucha cada vez que lo consideraron necesario, tal como ejemplificó el presidente del PIT-CNT, Fernando Pereira en su discurso de este 1° de Mayo: “59 medidas de paro”.

Pero tanto para el sindicalismo brasileño como para el uruguayo, “independencia” de clase no es sinónimo de “indiferencia”, como apuntó Padrón, ya que, recordó Freire, “en el gobierno de la derecha los sindicatos y los sindicalistas son perseguidos”, tal como está sucediendo con la administración de Jair Bolsonaro. “Hay una diferencia con los gobiernos de derecha” para los trabajadores y el pueblo, recalcó el dirigente brasileño.

Esa diferencia resulta evidente de arranque porque “conquistamos más en los gobierno progresistas”, empezando por los derechos “laborales” y económicos. “Y no puedes juzgar a un gobierno por un tema específico”, subrayó, es decir que “no puedo decir que todo el gobierno está mal porque esa (determinada) demanda específica no fue atendida”, razonó.

Asimismo, “hay que hacer alianzas sociales con mujeres, indígenas” y muchos otros colectivos sociales oprimidos y explotados tanto por la clases dominantes como por el propio Estado, alianzas como las que vienen ampliando los movimientos sindicales de ambos países.

Brasil presenta un escenario político muy “complejo” que, entre otras formas, se expresa en el “escandaloso” proceso acusatorio contra Lula, cuyos perseguidores “no tienen la menor vergüenza” al incumplir “lo formal” de cualquier actuación judicial mínimamente apegada a Derecho. “Es una vergüenza las medidas que se tomaron” careciendo de prueba alguna “hasta (lograr) que Lula esté preso”, resumió al respecto.

Relacionó este grave capítulo concretado en gran medida mediante la instalación de mentiras flagrantes en la opinión pública, con la manipulación mediática permanente “haciendo creer” a la población “que todo está mal” y simultáneamente silenciando la movilización popular.

Luego se refirió a algunos “espantos” del gobierno de Bolsonaro en materia cultural, política y económica. Así describió algunos casos extremos de su “programa ultra-liberal” como el remate de activos nacionales estratégicos (Petrobras y Embraer entre ellos) y la intención de cesar la fiscalización estatal del cumplimiento de la normativa vigente por parte de las empresas.

En función de esa grave situación y del preocupante escenario regional y continental, “nuestra apuesta” actual desde la CSA “es juntar la mayor cantidad de fuerzas” sindicales y políticas opuestas a la ola ultra-liberal “para tener una mayor resistencia en las Américas”, explicó Freire.

Entonces, la convocatoria es a “crear un gran Frente en las Américas en Defensa de la Democracia” y, como parte del mismo objetivo, contra las políticas “neoliberales”. El dilema resulta meridianamente claro: “o paramos esta oleada neoliberal y disputamos valores, o podemos tener una barbarie muy severa en nuestros países”, advirtió el secretario de la CSA.

Se trata de organizar “una respuesta continental” a esa oleada reaccionaria impulsada desde el Norte, siendo muy importante que esa respuesta trascienda a los movimientos sindicales y que incorpore a los movimientos y partidos políticos populares, progresistas y de izquierda.

Para dar un primer impulso a ese objetivo común, tendrá lugar en La Habana una conferencia continental a mediados de setiembre, es decir apenas un mes antes de que se celebren elecciones presidenciales y legislativas en Argentina, Bolivia y Uruguay.

En esa dirección, puntualizó Freire, “para el continente es muy importante que el proceso progresista en Uruguay no tenga un retroceso”. Este desafío “es mucho más importante” para el conjunto de “la región” que “solamente para Uruguay”, remarcó.

Padrón, en tanto, expresó entre otros conceptos que las críticas al movimiento sindical por su afinidad con gobiernos progresistas que benefician a las mayorías y defienden los derechos populares, “son discusiones muy laudadas por la gente de abajo”.

El analista advirtió que “es un discurso muy peligroso decir que el movimiento sindical no puede hacer política”, siendo que la razón de ser de los sindicatos y de todo colectivo radica en defender su existencia, bregar por sus objetivos y ocuparse de su relación con la esfera de lo público.

Evocando la Huelga General de 15 días con la que el movimiento sindical uruguayo nucleado en la CNT dio inicio a la lucha del pueblo uruguayo contra la dictadura desde el mismo Golpe de Estado el 27 de Junio de 1973, el columnista señaló que “no puede haber momento más político que ése”.

De hecho, “sorprende” que persistan “planteos” críticos en aquel sentido “en el movimiento sindical” uruguayo. “Creo que eso sí tuvo alguna intencionalidad política”, evaluó, relacionando esto al hecho de que “se le dio mucho” espacio a dichos planteos “en los medios” de comunicación “y eso no es casualidad”.

Después, Padrón destacó el valor social y político de “las alianzas” amplias que sigue forjando el movimiento sindical uruguayo y “cómo” esa orientación “conecta con otras áreas de la sociedad”, por ejemplo mediante el vínculo creciente con el movimiento feminista y de esta forma, con la sensibilidad y problemática de las mujeres.

Valoró entonces la importancia histórica derivada de la invitación cursada por el PIT-CNT “a la Intersocial Feminista” para que participara en forma destacada en el acto de este miércoles 1° de Mayo, haciendo que a través de la oratoria de una de sus integrantes este movimiento incorporara sus planteos y reivindicaciones a la plataforma del Día de los Trabajadores.