Quesos y vinos: trabas del Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y el Mercosur

Ni queso gruyer, ni champagne. La Unión Europea no cede un ápice respecto a sus denominaciones de origen. El bloque europeo, con larga tradición en tratados con cláusulas de propiedad intelectual, descartó los lácteos del acuerdo solo por la forma en que los suramericanos nombran a algunos quesos.

Desde hace al menos una década, los acuerdos bilaterales y multilaterales entre bloques y países incluyen capítulos de propiedad intelectual. Su objetivo es respaldar a los firmantes ante la copia, o el robo de ideas de productos o servicios característicos de un lugar. El concepto de la denominación de origen es uno de los aspectos considerados dentro de esos capítulos.

“Una denominación de origen refiere a un producto que se elabora en un origen concreto, lo que lo hace único en cuanto a su proceso de producción o en cuento a sus características”, explicó a Sputnik el doctor Ignacio Bartesaghi, decano de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Católica de Uruguay.

Un ejemplo paradigmático es el reclamo de Francia por el Champagne. La bebida espumante conocida en todo el mundo cuenta con denominación de origen ya que obtiene su nombre de la región del mismo nombre, y su método de producción característico es el champenoise. Es así que, a pesar de que otras naciones producen bebidas similares, no pueden usar el nombre. Lo mismo sucede con fiambres, quesos, panes, licores o vinos.

Durante las negociaciones –aún en curso- del Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y el Mercosur, uno de los puntos más polémicos fue el de los quesos.
“Los más clave son el ‘parmesano’, el ‘gruyere’, o el ‘roquefort’. Lo que alega la Unión Europea es que estos quesos son elaborados en zonas específicas y eso hace que el producto tenga un diferencial en cuanto a su autenticidad”, detalló.
Bartesaghi aclaró que por este motivo “fueron excluidos de la negociación”, y agregó que las cláusulas de propiedad intelectual son cada vez más comunes y forman parte de los llamados ‘tratados de última generación’. Documentos que “tienen poco que ver con los aranceles” e incorporan en cambio cooperación en áreas como las telecomunicaciones o el ‘roaming’ (conectividad en teléfonos móviles fuera del territorio) gratuito.