¿Por qué la piña más dulce del mundo deja sabor amargo a Costa Rica?

Organizaciones sociales, ambientalistas y académicas costarricenses desarrollan desde este viernes 27 y hasta el domingo 29 el III Encuentro Nacional de Afectados por los Agronegocios. Denuncian el deterioro ambiental y sanitario en uno de los países de mayor biodiversidad del planeta. La producción de piñas en el centro de la polémica.

El país centroamericano es el principal productor y exportador mundial de ananás y el peso de este sector en la economía es cada vez más relevante. Sin embargo, la desertificación, contaminación de agua, erosión de la tierra y los graves daños a la salud son la contracara del modelo.

En el año 2000 el país centroamericano inició un proceso de estímulo y desarrollo del sector, que determinó que la producción aumentase 300%. En 2016 vendió fuera de fronteras 3,2 millones de toneladas, el 12% del volumen total del mercado global.

La expansión del cultivo trajo aparejado un incremento directamente proporcional del uso de agrotóxicos para mejorar su rendimiento en tierra y su conservación una vez cosechada.

«La agroindustria tiene un paquete tecnológico muy agresivo, sobre todo pensando que en el trópico lluvioso hay que controlar el tema de hongos y todas la enfermedades que se producen por exceso de humedad», dijo a Sputnik el ecologista Mauricio Álvarez, integrante de la Federación Conservacionista Nacional (Fecon) de Costa Rica.

Indicó que como en todo gran monocultivo —con el ejemplo de la soja en sudamérica y el uso del glifosato— cuando se aplican químicos hay un elevado porcentaje de los productos que viajan por el aire incluso cientos de kilómetros. «En las piñas alrededor de 80% de los agroquímicos quedan en todos lados menos en la planta», precisó.

Recientes investigaciones científicas lo comprobaron. Se han recogido muestras de polvos «en las iglesias, las escuelas, en las ventanas y donde se acumula el polvo en cualquier zona habitacional. Y se encontraron cócteles de 15-20 químicos distintos, lo mismo que en en el agua», lamentó.

Esta realidad encendió alertas de todo tipo en la última década. Desde entonces la sociedad civil y académica presionan al Gobierno de turno para que establezca medidas regulatorias para la actividad.

Contó el caso de una escuela rural que en agosto fue afectada por la fumigación en una plantación distante apenas 50 metros de la institución. Una de las pocas notas en la prensa local denunció que el «envenenamiento masivo en una localidad de Florencia de San Carlos es una realidad recurrente que enfrentan niños y niñas de una escuela local».

«Es una escuela en una pequeña comunidad rural que tenía su modo de vida muy pacífico y termina perdiendo toda su paz, tranquilidad y calidad de vida por una plantación que es muchas veces más que el tamaño del pueblo», ejemplificó Álvarez.

«Se habla tanto de Costa Rica como un país ecológico, pero no hay una clara regulación que genere un retiro sustancial de esta actividades a una distancia prudente. Estamos hablando de una área de protección en sitios colectivos como escuelas, colegios, hospitales y también de donde habita la gente», resumió uno de los temas centrales del III Encuentro Nacional de Afectados por los Agronegocios.