Mujica: Herrera impuso esa línea a la que debemos agradecer no tener una base norteamericana, porque después que la pongan, andá a sacarla

En su espacio de reflexiones en M24 el ex presidente de la República y principal referente del MPP, José ´Pepe´ Mujica, reseñó la política exterior nacional en tiempos de Luis Alberto de Herrera para indicar la necesidad de extraer “lecciones” de la Historia Nacional a utilizar en nuestro presente.

Mujica abrió su columna evocando a “un viejo amigo” según quien “los hombres grandes no tienen divisa” sino que “por su propia grandeza son la divisa” misma, y lo son básicamente porque “han dejado cosas sembradas en el tiempo” que implican “mensajes educativos” y “formativos”.

Esas figuras, “más allá de sus alineamientos circunstanciales” en cada periodo, representan “conocimientos para las generaciones” futuras y esto es así porque “han vivido peripecias de luchas, de errores y de logros”.

Aludiendo a asuntos “de política internacional” que suenan en los días corrientes, el ex presidente de la República recordó “aquellos años en que gobernaba” en nuestro país “el presidente (Juan José de) Amézaga”, tiempos en que “el país retomaba más o menos la senda democrática, parlamentaria”, dejando así atrás “dos golpes de Estado consecutivos”.

Entonces “la Argentina estaba presidida por un militar llamado (Edelmiro) Farrell”, con cuya Presidencia el país hermano del Plata “se había mantenido (…) neutral” en el último tramo de la Segunda Guerra Mundial, como casi toda “América Latina” lo hizo hasta que la “fuerte presión de alineamiento” estadounidense “para declararse aliados” obligó a cambiar.

“En la política argentina terciaba un embajador” estadounidense “desembozado” por su explícita impronta “intervencionista” llamado Spruille “Braden”, en tanto la República vecina “se encaminaba hacia un proceso electoral” que daría la victoria al general “Juan Domingo Perón con su proyecto nacionalista, un tanto americanista, con una enorme base popular”. “Se pintarrajeaba ´Perón o Braden´” en las calles argentinas.

Al mismo tiempo, recordó Mujica, “la Cancillería uruguaya de aquella época” estaba “ocupada por un hombre de tradición blanca” como lo fue Eduardo “Rodríguez Larreta”, cofundador del diario “El País” quien entonces “planteó (…) al conjunto de países americanos” desplegar “una intervención multilateral en la Argentina” contra el emergente peronismo.

Aquel canciller “fundamentó su posición” en la idea de que “cuando un país se desarreglaba (…) los vecinos tenían la obligación de correr en su ´ayuda´”, en el sentido de “intervenir” en sus asuntos internos, alegando que “la época de la soberanía absoluta había pasado” como consecuencia “de la Segunda Guerra Mundial”, tema que “se discutió por toda América”.

Con Rodríguez Larreta “solo estuvieron de acuerdo” naturalmente “Estados Unidos y hasta donde la memoria me da, Guatemala”, mientras que “el resto” de los gobiernos latinoamericanos “estuvieron en contra” de esa posición, y “esto quedó en el tintero de las buenas o malas intenciones”.

En nuestro país, “semejante gesto empezó a podrir las relaciones naturales con el gobierno argentino”, con lo que “quedaron muy maltrechas y van a cubrir toda una época” marcada aquí por una fuerte “polémica interna”.

“Una mayoría, que respondía a (Luis Alberto de) Herrera, ponía el grito en el cielo contra esta posición; su gente levantó con mucha fuerza la bandera de la no intervención” así como “el deber de no inmiscuirse en casa ajena” y ejemplificándolo con “nuestra historia” como región y República, evocó.

El líder frenteamplista subrayó que de ese modo, Herrera, “en materia de Soberanía e Independencia trazó un rumbo de enorme gravitación”, y que además lo hizo en “un tiempo muy duro en las relaciones internacionales”.

Pocos años después, siendo ya Luis “Batlle Berres” presidente de gobierno, “Estados Unidos le planteó a Uruguay” su proyecto para “tener una especie de Guantánamo en la boca del Río de la Plata”. Se trataba en los hechos de “una base” militar para “vigilar” de cerca “a la República Argentina” y esto generó “una polémica inolvidable” que está disponible para ser leída “en los anales del Senado uruguayo, por suerte”. En esas páginas “se puede ver la frontalidad anti-intervencionista que tuvo el Herrerismo” entonces, por ejemplo “en boca de (Eduardo Víctor) Haedo” entre otros “legisladores”.

Fue Herrera quien aquí “impuso esa línea” soberanista “a la que tenemos que agradecer históricamente el no tener una base norteamericana en nuestro territorio, porque después que la pongan, andá a sacarla”, razonó. Y aun así, el país fue convertido “en una especie de cuartel general (…) de anti-peronismo”, lo que “repercutió en las relaciones” bilaterales por años.

“Cuando muere Eva Perón”, prosiguió el senador reelecto por el Espacio 609, “el personaje importante uruguayo que concurrió a ese descomunal entierro, por la presencia de masas, (…) fue el anciano Herrera (…) como modo de suscribir en la práctica (…) una siembra de toda su vida”, es decir “la no alineación con nadie” dado que el líder nacionalista “sostenía que teníamos que mantener buena amistad y buena relación con todos”.

“Es cierto que con el paso del tiempo, las corrientes políticas, tambaleando, toman otros cintillos, toman otras posiciones” y esto se verifica en el presente, muy distinto en este aspecto a aquel “tiempo muy duro de presión de propaganda de los aliados” al punto de que “la poesía gaucha estaba desterrada” y la influencia cultural estadounidense ganaba más espacio.

“El tiempo pasa, los recuerdos quedan, pero también quedan lecciones para siempre en la memoria, por lo menos, de aquellos que busquen en el amarillo de papeles viejos algunas lecciones de porvenir”, reflexionó.