Lula: 365 días de injusticia y resistencia

Durante la presidencia de Lula, entre 2003 y 2010, alrededor de 30 millones de brasileños se elevaron por encima del umbral de la pobreza y se sumaron a la economía de mercado.

Además, la mejora se hizo sentir en todo Brasil y llegó a rincones que antes quedaban al margen de esos beneficios, mediante programas sociales que eran elogiados internacionalmente.

Durante el mandato de Lula también hubo una mejora del sistema educativo y se crearon becas para asegurar que los estudiantes más pobres tuvieran acceso a la educación superior

Cuando Lula concluyó su mandato, había una economía en auge, una tasa de desempleo inferior a la de Estados Unidos o Alemania y un optimismo sobre el futuro de Brasil inédito en décadas.

Durante la presidencia de Lula, Brasil también descubrió enormes reservas de petróleo en aguas profundas que aumentaron el optimismo económico y el valor de la petrolera estatal Petrobras.

Lula pasó de vivir en extrema pobreza rural en el norte de Brasil (se dice que ni siquiera probó el pan hasta los siete años) a presidir la mayor economía de América Latina.

Mientras fue presidente, varios medios extranjeros eligieron a Lula como personaje del año y el expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, lo llamó «el político más popular del planeta».

Un país como Brasil, que en el pasado había formado parte de un imperio, sintió así que recobraba su importancia en el mundo gracias a Lula y al auge de la economía.

En resumen, en 2010, Lula dejó su segundo mandato con 80 por ciento de aprobación, 7,5 por ciento de crecimiento económico y un salario mínimo 54 por ciento mayor al de su primer Gobierno.

Los estadounidenses popularizaron el término smoking gun, pistola humeante, para referirse a aquella prueba concluyente capaz de resolver más allá de toda duda una investigación penal. En Brasil, como en EE UU, abundan las armas, pero la idiosincrasia del país es muy diferente y aquí han acuñado otra expresión para referirse a lo mismo: batom na cueca, literalmente, pintalabios en el calzoncillo. La frase se escucha a menudo cuando se trata de casos de la Operación Lava Jato, la gran investigación contra la corrupción, porque muchas veces se trata de asuntos enmarañados, en los que se acumulan las sospechas, pero en los que resulta muy difícil encontrar un batom y una cueca.

El caso que ha provocado la condena del expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva a 12 años de cárcel no es una excepción. Buena parte del material probatorio contra él proviene de la confesión del expresidente de una
constructora que pactó beneficios penitenciarios. El empresario, Léo Pinheiro, logró rebajar su condena de ocho a cinco años de prisión. Su testimonio se produjo tras ser encarcelado por su implicación en la trama corrupta creada a través de los contratos de la petrolera pública Petrobras. La investigación sobre el apartamento atribuido a Lula se había abierto meses antes, a raíz de informaciones de prensa, y el juez estrella de la Lava Jato, Sérgio Moro, ya había mandado por sorpresa a la policía a casa del expresidente de Brasil para llevarle a declarar.

Tanto Moro, que condenó a Lula en primera instancia, como los tres jueces del tribunal de apelación que confirmaron la sentencia y elevaron la pena de 9 a 12 años de cárcel consideran probado que Lula recibió como soborno de la constructora OAS un apartamento en la playa. Las sentencias admiten que la contrapartida no está clara, pero insisten en que la OAS era una de las empresa que participaban del gran festín corrupto de la Petrobras y pagaban comisiones ilegales a políticos de diversos partidos.

Ningún documento prueba que Lula sea dueño de ese apartamento, que haya vivido en él o que al menos tuviera en sus manos las llaves. Ninguno.

El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva se presentó a las autoridades brasileras el 7 de abril de 2018. Desde entonces solo ha salido de la cárcel una vez.

Condenado a 12 años y un mes de cárcel por corrupción pasiva y lavado de dinero por el caso del apartamento de Guarujá (litoral de São Paulo), Lula se convirtió en el primer ex presidente de Brasil entre rejas, aunque no en el
último, porque casi un año después sería el turno del ex presidente Michel Temer. El otrora vicepresidente de Dilma Rousseff, que llegó al poder luego de la destitución de la mandataria, fue arrestado el pasado 21 de marzo y liberado cuatro días más tarde mientras espera en libertad ser llamado a juicio.

“No sirve de nada intentar acabar con mis ideas, ellas ya están flotando en el aire y no tienen cómo encarcelarlas. No sirve de nada intentar frenar mis sueños, porque cuando deje de soñar, yo soñaré a través de sus cabezas y de
sus sueños”. Estas son las palabras que el ex presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, pronunció en su último discurso público el 7 de abril de 2018, poco antes de entregarse a la Policía, delante de una muchedumbre de fieles seguidores en São Bernardo do Campo para darle un último abrazo.

“Globo mintió y me condenaron a prisión” dijo Lula, para después afirmar “No pararé porque no soy un ser humano, yo soy una idea”

Con Lula ya encarcelado, en octubre del año pasado, el Ejecutivo de la Central Única de los Trabajadores de Brasil, Julio Turra, reseñó lo que fue el proceso que enfrentó el Partido de los Trabajadores al presentar igualmente la candidatura de Lula a la presidencia, que finalmente fue rechazada por la justicia.

En diálogo con GPS Internacional en M24, justamente quien fue finalmente candidato por el Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad, también reafirmó la fragilidad de la sentencia contra Lula.

A un año del encarcelamiento de Lula, se sigue reclamando su libertad y más de 500 mil personas pusieron su firma para su candidatura al Premio Nobel de la Paz 2019 propuesto por Adolfo Pérez Esquivel, ganador del premio de 1990

Esquivel considera que Lula merece este reconocimiento por el trabajo ejercido durante su gobierno en su lucha contra la pobreza y la desigualdad en Brasil garantizando la paz y la dignidad humana.

Lula en tanto se encuentra preso desde abril del año pasado en la sede de la Policía Federal de Curitiba tras ser condenado a 12 años de prisión por supuestos actos de corrupción gracias a pruebas que se muestran frágiles.

Ayer Lula divulgó una carta al pueblo brasileño en la que denuncia nuevamente la persecución judicial “hace exactamente un año estoy preso por el crimen de dedicar una vida entera a la construcción de un país más justo, desarrollado y soberano” escribió.

“Estamos vivos y fuertes, juntos vamos a revertir cada retroceso en el camino a la construcción del Brasil que soñamos y que probamos que es posible construir. Venceremos” culminó el expresidente. La carta fue leída frente a miles de militantes por la presidenta del PT, Gleisi Hoffmann, en la Vigilia que mantienen frente a la prisión en la que se encuentra el expresidente.