Lo inconsciente a cielo abierto: ¿Por qué nos molesta los que viven en la calle?

En 15 cuadras –hasta llegar a la radio- vi 23 personas que duermen en la calle.

Los estudios del MIDES dicen que esa población –que carece de proyecto vital- está integrada por ex presos y personas adictas. Muchas veces son la misma cosa. Por día salen de la cárcel, libres, unas 20 personas. Muchas no saben adónde ir, ni tienen adonde ir. La calle los espera.

El Ministerio de Desarrollo Social estima que son 2.200 las personas que viven en la calle.

Esa población –con colchones y mantas al hombro- desafían e interpelan con su presencia a los ciudadanos que dormimos en sábanas sin agujeros. Parecen ser hordas de zombies, piden monedas, revisan contenedores de basura, hacen el amor debajo de los trapos y alargan su mirada perdida escondiendo en sus ojos historias de ausencia de afectos y abrazos. Son hijos de prostitutas y presos del Comcar y ellos mismos, hijos del Comcar.

Han interpelado tanto en Uruguay y el mundo que sociólogos y asistentes sociales optaron por hablar de ciudadanos “en situación de calle”. Pasteurizan la realidad, para que sea menos penosa, quizás. En verdad, viven en la calle.

Procuro en esta columna, conocer que está detrás de esa pulsión social de rechazo a los que viven en la calle.

¿Qué es el inconsciente?
Según Sigmund Freud, el inconsciente es todo el contenido mental que no se encuentra en la conciencia y al que el sujeto únicamente puede acceder con dificultad.
Es la parte no consciente que sólo puede ser consciente con grandes esfuerzos por parte del sujeto, y, en particular, gracias al trabajo de la terapia.
En el inconsciente se encuentran los deseos, instintos y recuerdos que el sujeto reprime por resultarle inaceptables, fundamentalmente a causa de sus propias valoraciones morales; es la capa más profunda de la mente.

¿Qué es el inconsciente a cielo abierto?
Es lo que anda en las profundidades del cuerpo social. En la superficie del cuerpo social hay una cosa, pero ¿qué hay detrás de ese comportamiento? Es el detrás de cámaras del humor social.

Hace pocos días en twitter hice algunas preguntas acerca de los que viven en la calle. ¿Por qué nos sentimos inquietos o nos molestan? ¿Por «vagos»? ¿Por q «afean» entorno? ¿Por q nos pega en la moral? 4) ¿Por q nos sentimos invadidos? ¿Por q gobierno departamental y nacional no le encuentran solución? ¿Por qué los pobres no son de nuestro palo?

La respuesta es “aporofobia”. ¿Qué es la aporofobia?
La aporofobia (del griego άπορος (á-poros), sin recursos, indigente, pobre; y φόβος, (fobos), miedo) se refiere al miedo y rechazo hacia la pobreza y hacia las personas pobres. Es la animosidad, hostilidad y aversión, respecto de las zonas o barrios carenciados y respecto de las personas pobres, o sea, frente a aquellas personas que se encuentran desamparadas y con muy pocos recursos.3
El concepto de aporofobia fue acuñado en los años 90 por la filósofa española Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política. Lo utilizó para diferenciar esta actitud de la xenofobia, que solo se refiere al rechazo al extranjero y del racismo, que es la discriminación por grupos étnicos.

Arturo Torres es un sicólogo español. Ha trabajado sobre la aporofobia.

En un reciente artículo Torres dice que no se trata de un trastorno mental, sino más bien de una disfunción social que refuerza la marginalización de personas en una posición vulnerable.

A diferencia de lo que ocurre normalmente con las fobias que tienen criterios diagnósticos por ser entidades médicas, en la aporofobia quien ve su calidad de vida más rebajada no es la persona que ha interiorizado este miedo o rechazo, sino aquella a la que va dirigida ese rechazo.

En la aporofobia, la pobreza, una circunstancia sobre las condiciones de vida que tiene un origen multicausal y que muchas veces escapan al control de uno mismo, queda identificada con su propia esencia como si formasen parte de su identidad.

Así, la falta de recursos pasa de ser una situación a formar parte de lo que uno mismo es, independientemente del contexto en el que haya crecido y de su situación de partida. Ahora bien ¿qué es lo que lleva a muchas personas a reproducir aporofobia contra la gente más vulnerable? Según este sicólogo español, la situación se puede observar desde distintos sesgos.

Uno es el ideológico. Dice: hay varias ideologías que llevan a despreciar a los pobres. Algunas de ellas vinculadas a la derecha política, por ejemplo, se basan en la idea de meritocracia para partir de la presuposición de que ser pobre o no, es fundamentalmente una cuestión de actitud personal y de fuerza de voluntad.

El otro sesgo son los prejuicios por falta de contacto. En efecto, Torres dice que también es posible que la aporofobia sea causa por la falta de contacto directo con personas pobres, lo cual hace que la visión que se tiene de ellas se base en los prejuicios, los estereotipos e incluso una criminalización que reproducen algunos agentes políticos o medios de comunicación. Esto es algo que muchas veces también está en la raíz del racismo o la xenofobia.

¿Qué hacer contra la aporofobia?

Combatir la aporofobia es complicado, ya que la pobreza es algo generalizado alrededor de todo el mundo y es fácil que este rechazo social se contagie de un lado a otro. Además, hay pocas entidades comprometidas en defender los intereses de las persona con pocos recursos.

Torres dice que un modo de combatir la aporofobia es divulgar una visión de la pobreza anti-esencialista, que no la vincule «la esencia» de las personas sino al modo en el que por varias circunstancias deben vivir. También es importante hacer esto sin normalizar la pobreza, como si fuese algo predestinado y consustancial a todas las sociedades, que no se puede evitar.

En Uruguay yo me siento tentado a decir que la aporofobia es una expresión que tiene relación con nuestra propia historia de inmigrantes. Somos hijos del hambre. Un alto porcentaje de uruguayos, venimos de familias que desembarcaron acá huyendo del hambre de Europa.

La comida y el techo están en el inconsciente social; rechazamos su falta. Somos adversos al riesgo como comunidad, somos conservadores quizás, porque lo que conseguimos –el techo y la comida- lo conservamos. Nuestras familias guardaban sus monedas en el fondo, debajo de un árbol, o debajo del colchón. Nada nos puede sacar lo que hemos conseguido. No queremos volver a ese pasado.
Incluso más: nuestras familias fueron renuentes a contar lo que pasaron en Europa antes de venir para acá. Mejor que quede en la memoria. Pero la memoria individual –transformada en memoria social- condiciona y expresa a una comunidad.

Hoy creo que el inconsciente social uruguayo está habitado por aquellas carencias. Cuando vemos gente con hambre y durmiendo en la calle, probablemente no rechazamos a esa persona, sino que rechazamos la posibilidad de que nos toque a nosotros esa posibilidad de vivir en la calle.

El filósofo uruguayo Sandino Nuñez ha escrito sobre los que viven en la calle.

Dice que esa suerte de “exoclase” se opone al “nuevo uruguayo”, una especie, expresa Nuñez, de “sobreviviente cínico o indiferente o aterrado del mundo post-social. Hijo de las supercamionetas 4 x 4, o de Carlos Gutiérrez y el plasma en doscientas cuotas, o de los créditos pedorros al consumo para diezmilpesistas, o de la eterna bicicleta del endeudamiento, o de la pasta base, o de la plena, la disco o la trans. Es hijo del estímulo, del éxtasis y del vértigo, y no ya del deseo y la seducción.” Esa clase social –una suerte de ideología que permea clases sociales hacia arriba y hacia abajo- es interpelada por los descartados del sistema. Y estos nuevos “indignados” hablan de pérdida de valores”, de “caos”, proponen “mano dura” y castigo por ser indigentes. O sea: más castigo.

Así crece, como dije la semana pasada, la pulsión autoritaria, los recursos jurídico-penales, punitivos, policíacos, militares, propone iniciativas privadas de patrullaje, vigilancia y hasta escarmiento civil a reos y malandros (la justicia no funciona, los jueces son pusilánimes, la policía es ineficaz, etc.).

Alguna porción del “nuevo uruguayo” –que conoció el auto cero kilómetro, el iphone, y viajar a Europa una vez por año- propone, en definitiva, más rejas.

Les informo que estamos en febrero. Y que en invierno volverán los titulares de los uruguayos en “situación de calle”.

Linng Cardozo.
13 de febrero de 2019.

Foto: Montecruz Foto.