Labat: los tres candidatos de la oposición asumen que hay una jerarquía natural en la sociedad, algo que este proceso de izquierda vino a subvertir

Entrevistado en InterCambio el director de Evaluación y Monitoreo del Mides, Juan Pablo Labat, habló del uso del concepto “esperanza” vinculado a la expectativa de dejar “la pobreza” en el Programa del Partido Nacional (PN) y analizó su trasfondo ideológico ligado a un orden jerárquico natural.

Si bien “la idea de esperanza” es un concepto que en la izquierda “utilizamos en el plano político global” y como algo relacionado a “la construcción de un proyecto”, “otra cosa es ´la esperanza de salir de la pobreza´” expresada desde el PN, cuando “no debe haber cosa más material que la pobreza”. “La raíz, la esencia de la pobreza es la materialidad”, más allá de la existencia de otros aspectos involucrados, reflexionó Labat.

“El programa del PN habla de una pobreza no material” y en este punto se observa con claridad “la enorme diferencia entre izquierda y derecha”, que a su vez se refleja en “la diferencia sustantiva entre una propuesta y otra”.

Ello adquiere también mayor nitidez en “el corrimiento político hacia lo ideológico” de la derecha, que se aprecia en la figura de Guido Manini Ríos. “Estamos en un escenario político en el que la derecha empieza” a reconocerse y asumirse “como derecha” en lo conceptual, lo ideológico, ya que “lo autoritario es nada más que una tecnología” a ser utilizada cuando “se complica” la continuidad cotidiana de reproducción de desigualdades.

Eso también significa que el factor real que ambienta toda la discusión alrededor de la pobreza, radica en “el devenir de un largo proceso de exclusión material” de vastos segmentos de la sociedad que históricamente sufren “desventajas” en distintas dimensiones de su existencia: “materiales”, “territoriales”, “de servicios (…) y así sucesivamente”.

Consecuentemente, “los autores intelectuales y materiales de este proceso que arranca antes de la dictadura”, después “trabajan durante la dictadura” dado que “el proceso socioeconómico es el mismo” y consiste en “favorecer a una élite” al tiempo de “quitarle recursos materiales” al resto más desfavorecido. Entonces el proceso “es el mismo”, tal como son “los mismos actores” y éstos aplicaron “las mismas políticas” exclusivas.

En esa concepción elitista y exclusivista “el proceso del mercado es el proceso asignador de recursos”, y dado que en todo régimen y modo de producción “las reglas de la acumulación se definen a través del Estado”, para esa concepción “no es que ´no quiero que esté´” el Estado presente en la vida de los países sino que “´no quiero que esté metido en esto de atender a la gente´”, que debe quedar librada a la fuerza y a la suerte.

Es así que en esa concepción la gente “necesita la esperanza” como algo de qué aferrarse, ya que no como posibilidad a ser realizada mediante la acción social y estatal; es allí que entra a jugar la figura de “los mentores” para supuestamente ayudar “a saltar los obstáculos”, casi como un “personal trainer”, a quien tiene voluntad de hacerlo y no es haragán.

Labat vinculó “todas estas fábulas” a las ideas de fin de la historia y del trabajo, que tuvieron su auge durante la década del ´90 a partir de los cambios internacionales que extendieron el dominio global del capital.

“´La gente pobre es pobre porque es atorranta´” y no aprovecha “´las oportunidades´” que la vida le ofrece. “´La culpa es tuya, a ver si te queda claro´ (…) ése es el concepto madre de la derecha, ´acá hay una desigualdad que es hija de la naturaleza´” y por ende, inexorable.

“Los tres candidatos de la oposición tienen una visión jerárquica de la sociedad (…) todos asumen que hay una jerarquía natural en la sociedad que se llama orden”, algo que “este proceso de izquierda vino a subvertir”.

Para esos sectores elitistas es inaceptable que “haya gente que nunca se nos hubiera ocurrido que vaya a la mutualista” a atenderse y ahora lo haga, que “quiere terminar el liceo” y lo haga, gente que “va a la universidad”. “Eso pasó y viene pasando en todos los países de Latinoamérica” y en todos, la reacción de la élite y sus representaciones gremiales y partidarias es igual.

Al mismo tiempo, para seguir acentuando esos cambios progresivos es necesario hacer una “revisión de políticas” porque las aplicadas hasta ahora chocan con el núcleo “estructural” de asimetrías y desigualdades. Faltan “nuevos instrumentos o una nueva compaginación de instrumentos”.

“Tenemos que expandir sustantivamente programas como ´Uruguay Trabaja´” y articular una batería de fuertes políticas de “Empleo” y “Vivienda” apoyadas en una potente intervención estatal. “Lo que nos queda por hacer no es solamente más de lo mismo” y sí está “en las antípodas de ´la esperanza´: lo que se precisa es una materialidad fuerte”.