Padrón: “hablar del ´futuro del trabajo´” no es neutral porque instala “una idea muy potente para hacer que la gente acepte cualquier cosa”

En su columna semanal en InterCambio Álvaro Padrón analizó el significado político que conlleva la transformación tecnológica de la economía para el trabajo humano, las relaciones laborales y la capacidad organizativa de los trabajadores en defensa de sus intereses y derechos.

Padrón señaló que “todo lo que está pasando” a nivel mundial con la aceleración de los cambios tecnológicos transformando a las diferentes actividades económicas e incidiendo en el campo de las relaciones laborales, “ya está entre nosotros” dejando de ser futuro para ser presente.

Instrumentan interesadamente esas modificaciones “las mismas empresas que han multiplicado su capacidad de oferta”, logrando que “se descentralice” no solo la producción, como viene sucediendo en la industria en las últimas tres décadas, sino también el comercio y los servicios, “abaratando mano de obra” y con ello debilitando la capacidad organizativa de la fuerza de trabajo asalariada. Los “supermercados” lo ejemplifican.

“La idea de hablar del ´futuro del trabajo´” no es neutral ni inocente dado que implica una operación para “hacernos creer que puede desaparecer el trabajo” o bien que éste “se va a destruir”, cuando “eso es mentira”.

Se trata de “una idea muy potente para hacer que la gente acepte cualquier cosa”, de llevar a las masas trabajadoras a “aceptar peores condiciones” con tal de tener un empleo o alguna relación que se le parezca a cambio de alguna forma remunerativa, “cuando la discusión es cómo usamos la tecnología para vivir mejor (…) la tecnología tiene que servir para eso”.

Históricamente, continuó el columnista, “la capacidad de los trabajadores” de defender sus intereses y conquistar mejoras “se basó en su unidad”, condición de “su fuerza” relativa en el marco de “una relación que es por naturaleza desigual” entre “el dueño del medio de producción” y “el dueño de su fuerza de trabajo”, principalmente el asalariado aunque no solamente.

De ahí la funcionalidad política que la velocidad de la transformación tecnológica y su aplicación a las actividades económicas, adquiere para el capital y las empresas al dispersar y fragmentar la fuerza de trabajo y con ello debilitar la capacidad organizativa de los asalariados, tal como les sucede a los cuentapropistas y otros vendedores de su fuerza de trabajo.

“Este es un problema internacional” tal como quedó evidenciado hace apenas semanas en la OIT, en donde Uruguay fue atacado por sus políticas públicas de equilibrio de las correlaciones de fuerza entre capital y trabajo.

“El ejemplo” de nuestro país “es el que quieren que no cunda” en la región ni en el mundo, al punto de que fue “la Organización Internacional de Empleadores la que insistía en poner a Uruguay en esa situación”.

Como parte de la referida operación, los aparatos de producción, reproducción y amplificación educativa, mediática y política del capital difunden, a nivel global y de manera sistemática, la idea de que “los trabajadores ya no son trabajadores” sino apenas “emprendedores” o agentes cooperantes de una economía tan abstracta como inmaterial.

Nociones como “la ´economía colaborativa´” y dispositivos como “las aplicaciones” se materializan rápidamente en “una persona que se rompe el lomo andando en bicicleta” por una magra retribución y haciéndolo en condiciones sumamente precarias, sin derechos ni protección social alguna.

Lo mismo sucede con el ya clásico cuentapropista que “tiene una computadora” y con ella trabaja “desde la casa”. Esa dinámica “está aumentando la explotación” y entre las carencias y sufrimientos que esto genera, “los migrantes son los más vulnerables en estos casos”.

Considerando ese contexto cada vez más extendido, Padrón subrayó la necesidad imperiosa de establecer “cambios regulatorios” en las legislaciones nacionales e internacionales, así como respuestas creativas y lúcidas en “la estrategia sindical” para minimizar los riesgos que se ciernen sobre las posibilidades organizativas. De otro modo, “esos trabajadores van a quedar aislados” y con esto, cada vez más sometidos y expoliados.

A partir de eso, explicó por qué es también muy importante generar desde Uruguay “Derecho Internacional” en materia Laboral, apuntando a combatir “el ´dumping social´” que practican algunos países que menoscaban derechos y así se benefician de una competencia desleal en el terreno comercial, ya que venden producción hecha con costos más bajos.

Padrón llamó a reflexionar sobre cómo “interpela todos los aspectos de la sociedad (…) esta idea romántica de que ´cualquier tecnología sirve´”, y simultáneamente a rechazar la sugerencia del fin del trabajo.