Guatemala, 20 años de «democracia de baja intensidad»

A 20 años de las primeras elecciones posteriores al tratado de paz, en las cuales la abstención fue de 58%, Guatemala vota presidente este domingo 16 con el mismo fantasma a cuestas y otros que también se reiteraron en este período de democracia ininterrumpida: 48% de la población no decidió a quién votar y 31% está convencida de que habrá fraude.

Luego de conocido este último dato ocurrieron dos hechos que potenciaron la incertidumbre. El miércoles 12 el jefe de la Fiscalía contra Delitos Electorales, Óscar Schaad, abandonó el país junto con su familia por amenazas de muerte. Este viernes se supo que el director del Registro de Ciudadanos del Tribunal Supremo Electoral, Leopoldo Guerra, pidió licencia alegando cuestiones de salud y no estará en funciones durante la jornada cívica.

«Eso lleva a muchas especulaciones, ¿por qué este señor quiere desmarcarse del proceso en el momento preciso en que se van a hacer las elecciones?», planteó a Sputnik el analista guatemalteco Rafael Cuevas Molina, del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Costa Rica.

En este sentido dijo que «hay razones para pensar» en posibilidades de fraude porque «dentro del mismo proceso electoral hubo una serie de decisiones que podrían sospecharse de tener carácter ideológico porque han marginado a candidatos y candidatas. Entonces sí, hay efectivamente una desconfianza».

Pero incluso con tal panorama, Cuevas Molina sostiene que el traspaso de gobiernos democráticos de manera consecutiva es sin duda un logro para el país.

«En Centroamérica, el hecho de que haya una transición pacífica de un Gobierno a otro es ya una ganancia. Tenemos una larga tradición de la cual apenas venimos saliendo, de gobiernos autoritarios de dictaduras y problemas en toda dimensión». El experto habló del concepto «de democracia de baja intensidad» para definir realidades como la de Guatemala.

Alrededor de 8 millones de votantes están llamados a las urnas, pero se anuncia un alto abstencionismo. Es por el descontento con el sistema político del país, en el que varios presidentes de estos últimos 20 años —como el actual, Jimmy Morales— se vieron involucrados en casos de corrupción. Algunos llegaron a ser condenados.

Esta realidad, combinada con unos de los índices sociales más preocupantes de la región —la desnutrición o malnutrición afecta a 50% de los niños y niñas, apuntó Cuevas Molina—, evidencia el desencanto popular con la política como solución a los problemas.

Además de presidente se elegirán 340 alcaldes, 160 diputados al Congreso y 20 al Parlamento Centroamericano. En caso de que ninguna candidatura presidencial alcance 50% más uno de los votos, habrá segunda vuelta el 11 de agosto.

Todo indica que ese será el escenario, y que la exprimera dama Sandra Torres, del partido UNE, llegará nuevamente a esa instancia como en 2015, cuando perdió con el actual mandatario.

Desde la primera encuesta que se conoció figura a la cabeza, con un máximo de 23% y un promedio de 20%. Por detrás aparece Alejandro Giammattei, del Partido Vamos, quien sería su rival en un segundo turno.

Cuevas Molina invitó a prestarle atención a lo que ocurra con la otra candidata en carrera: Thelma Cabrera, quien con su Movimiento para la Liberación de los Pueblos encabeza un proceso político inédito para el país.

«Es mujer, es pobre y sobre todo es indígena», describió el académico. Explicó la relevancia que tiene esta iniciativa para «un país caracterizado por el racismo, en el cual el hecho de pertenecer a un etnia indígena la descalifica de entrada».

«Además el hecho de que provenga de un movimiento popular, campesino, y logre aunque sea un 10% de aceptación es un hito dentro de la política electoral guatemalteca», agregó.

De acuerdo con los últimos sondeos, Cabrera aparece quinta con 9% de apoyo en la proyección de votos válidos.

Recién por detrás aparece el oficialista Eduardo Galdámez del Frente de Convergencia Nacional, con 3,3% de apoyo.