Graciela Barrera sobre quienes delinquen y su recuperación: Cuesta lo mismo dar amor que dar odio, y el amor tiene que triunfar sobre el odio

Entrevistada en InterCambio la presidenta de la Asociación de Familiares de Víctimas de la Delincuencia (Asfavide), Graciela Barrera, habló sobre la labor de esta institución fundada por ella y de su opción por hacer el bien en lugar del mal tras haber sido golpeada hace 10 años por el asesinato de su hijo a manos de personas que delinquieron de la forma más brutal.

Barrera perdió a su hijo asesinado en una rapiña en Barros Blancos y desde entonces coloca e invierte su mejor energía en el trabajo de Asfavide, ayudando a otras víctimas de delitos pero también recorriendo cárceles para intentar que personas marcadas a fuego por el delito como forma de vida, sepan que puede haber otro camino y encuentren un aliciente para iniciarlo.

“Hoy hace una semana” del día en que a “las 10 y media de la noche recibíamos el mensaje de la fiscal” a cargo de la investigación del crimen de su hijo, Alejandro Novo, informándoles a ella y a su esposo que finalmente todos los responsables habían sido procesados y condenados.

“Lo que te hace sentir es una paz muy grande” al conocer la dilucidación del caso en su principal capítulo judicial, “te sacás esa espina” de incertidumbre e injusticia aunque “el dolor lo tenés” para siempre ya que “nada es igual que antes”. Sobre ese fondo, ahora “podés ver con una paz interior diferente”, explicó la entrevistada sobre su proceso interno.

Evocó el periodo inmediatamente posterior al asesinato de su hijo, cuando “primero me metí en un pozo, no sabía por dónde salir”, pero al cabo de un tiempo, “un día descubrí que así no podía ayudar a mi hijo” y que del mismo modo “no iba a poder salir adelante con mi esposo”.

Fue a partir de ese cambio que Barrera empezó a trabajar “en las cárceles” tratando de incidir en las mentes y las conductas de personas habituadas a la mala vida del delito y acostumbradas a destruir sus propias existencias y también las de otros. “Y lo seguiré haciendo hasta el último día”, aseveró.

Después reseñó algunos de los cambios favorables a víctimas y familiares de delitos que fueron logrados en virtud de la labor de Asfavide. Por ejemplo, cuando ella y su marido fueron golpeados por el crimen contra su hijo “no nos daban información si no íbamos con un abogado”, pero ahora ya “no te cierran la puerta” siendo familiar de víctima y estando sola o solo.

También existe un “consultorio jurídico” que funciona en Asfavide con la cooperación “del Ministerio del Interior y la Universidad de la República”, así como un convenio de capacitación “con Inefop”. Hay entonces “un montón de cosas que se han logrado”, aunque “a veces la gente no las ve”.

En Asfavide “somos como una sala de emergencia” que ofrece un instrumental y brinda unas ayudas que “la gente las toma” para recomponerse y fortalecerse, después de lo cual “sigue” su camino. “Hoy por hoy tienen esas herramientas” que hace unos años no existían, resaltó.

Agregó en ese sentido que “tenemos un convenio con Dinali” (Dirección Nacional del Liberado) que permite “trabajar con las familias que han sido víctimas de las personas privadas de libertad”.

En cuanto a la paciente labor de recuperación con quienes purgan penas por delitos graves, “lo que me importa es la persona y sacarla adelante” de distintas formas vinculadas al trabajo. Ejemplificó al respecto que “Asfavide tiene un local” que fue refaccionado y acondicionado por presos.

“Tenemos que cambiar mucho las mentalidades” porque “esas personas van a salir de vuelta a la sociedad”, razonó Barrera, preguntándose acerca de las opciones: “¿Qué tenemos que hacer, apartarlas?”. Esto es lo que reclaman muchos ciudadanos, y lo que proponen varios actores políticos.

“Si no te doy herramientas, si te encierro con un montón de personas en una celda como una jaula, sacando las manos y pidiendo ´por favor´, entre olores nauseabundos, no vamos a recuperar a nadie”, reflexionó. “Cuesta lo mismo dar amor que dar odio, y el amor tiene que triunfar sobre el odio”.

Luego contó situaciones vividas en sus primeros contactos con presos y la evolución de esa relación, destacando más adelante que “hay lugares donde está comprobado que la reincidencia es baja” e incluso “muy baja, por ejemplo el Polo” Industrial del Comcar y la prisión de “Punta de Rieles”.

El problema allí radica en que esos modelos alcanzan a muy pocos reclusos y es necesario generalizarlos, “hay montones de cosas en las que se ha evolucionado, pero faltan montones” por hacer y extender, indicó.

“Tampoco nos ayuda mucho que todo el tiempo nos estén pasando cosas malas en la televisión” y que al mismo tiempo “las cosas buenas” prácticamente “no se ven” en las pantallas de los informativos, analizó.

“Comparto mucho el camino de la justicia restaurativa, tenemos que restaurarnos nosotros mismos”, convocó la presidenta de Asfavide, y reflexionó sobre la utilidad del castigo y las formas más tradicionales y brutales de penalización, como el encierro de las personas en cárceles.

En esa dirección recordó que en otras sociedades se ha superado el clamor popular por la punición y dejado atrás la infra-humanidad de las cárceles como forma generalizada de castigo a quienes delinquen. “¿Cuál es el tipo de justicia que queremos como sociedad?”, planteó como interrogante.