Foro Mundial Campesino: la agricultura familiar como motor para el desarrollo

De acuerdo a las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) entre el 50% y el 80% de los alimentos consumidos por las poblaciones urbanas y rurales son producidos por la agricultura familiar. Pero ahora el porcentaje está bajando debido a la falta de oportunidades de desarrollo para las poblaciones campesinas.

La producción agrícola sigue siendo tan necesaria como siempre pues todo lo que comemos proviene, originalmente, del campo. Pero aunque la FAO estima que entre el 50% y el 80% de los alimentos consumidos es producido por la agricultura familiar, la condición del campesinado lejos de mejorar se ha deteriorado.

A excepción de unos pocos países, la tendencia en las últimas décadas ha sido la desaparición de las chacras y quintas familiares en América Latina. En cambio, esas tierras han pasado a la producción extensiva de ganado, a la creación de zonas francas o incluso al cultivo extensivo de alimentos.

¿Por qué sucede? La producción familiar menos depredadora del medio ambiente y más justa en materia de competencia de mercado es menos competitiva. Por lo tanto, sin políticas pensadas cuidadosamente para promover el sector es más cara.

“Nosotros creemos que la agricultura familiar es un sector especialmente interesante para reactivar la economía”, dijo en diálogo con Sputnik Luiz Beduschi, Oficial de Políticas y Coordinador de las Temáticas vinculadas a la Agricultura Familiar y Sistemas Alimentarios Inclusivos para el desarrollo rural sostenible.

De acuerdo al experto, quien desempeña su tarea en la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la ralentización de la economía ha dificultado el cumplimiento el objetivo de la erradicación del hambre. En este sentido, la experiencia regional debería emplearse para que la agricultura familiar responda ante esta situación.

“La agricultura familiar puede (generar cambios), si es apoyada. Principalmente porque pone más atención a la dimensión ambiental de la producción, a valorizar determinados atributos culturales y sociales en la forma de producir y comercializar”, agregó.

El camino para lograr ese apoyo es sinuoso. Desde la creación de infraestructura y oportunidades de desarrollo educativo para evitar la migración a la ciudad, hasta el acceso a herramientas financieras, el trabajo de apuntalamiento de la actividad debe establecerse como un compromiso en materia de políticas públicas.

“(Se necesita) acceso a la tierra pero también a otros activos como el agua, la energía, la infraestructura, que es importante. También el acceso a servicios rurales, sean ellos financieros como créditos y seguros, o no financieros del tipo de la asistencia técnica, los sistemas de innovación o el fortalecimiento de sus organizaciones”, detalló.