Fenapes: el excesivo interés por el control ideológico y político del gobierno de la educación es la matriz de Sanguinetti

En el marco de la celebración de los 56 años de Fenapes, InterCambio transmitió este martes 19 desde la sede sindical docente y allí entrevistó a los dirigentes Marcel Slamovitz, José Olivera y Alejandra Vespa, quienes analizaron diversos aspectos pedagógicos, presupuestales, institucionales y políticos de la Educación uruguaya desde el siglo 20 y hasta el presente.

Slamovitz informó que Fenapes tiene hoy “más de 11.000 afiliados” y evocó la “historia” de construcción como herramienta colectiva que “arrancó en el ´63”, en el periodo “del “colegiado blanco”, es decir poco después del “inicio de la crisis económica y social” del Uruguay posterior a 1955, “cuando los salarios empiezan a bajar” como consecuencia del “acuerdo” del ministro “Azzini (…) con el FMI”. El sindicato “nace con la defensa de la Educación Pública y las libertades democráticas”, enfatizó.

Entonces como ahora, para Fenapes “cuando están en juego las libertades democráticas, la cuestión es entre la libertad y el fascismo, o como decía Candeau, entre la libertad y el despotismo”. Ante “lo que se nos viene”, el sindicato piensa en la creación de “un frente democrático” al ver cómo se conforma “la coalición verde oliva” de la oposición, en la cual “el que va a definir es Manini Ríos”. “Esto no termina el domingo para Fenapes”.

Y en este panorama se reitera “el papel” negativo “de Julio María Sanguinetti”, como cuando “con la Ley de Educación del ´72 se empezó a reprimir y a eliminar la libertad de cátedra”. Esto representa “el principio del fin de la libertad (…) es ir hacia el pensamiento único, el pensamiento dogmático (…) es volver a los libros únicos”, graficó Slamovitz.

“Con la Ley del ´72” el exmandatario colorado “además persigue a maestros y profesores”, recordó, puntualizando que el reelecto senador “de demócrata tiene poco y de represor tiene bastante”.

El dirigente señaló asimismo que “son las mismas corporaciones privadas las que nos acusan a nosotros de corporativos”, empezando por “la Ocde” y otras “que han entrado a la Educación Pública uruguaya”.

Y luego lamentó la pretensión instalada de que la laicidad signifique que los docentes deban ser neutrales o tengan que darles la espalda a los grandes problemas nacionales y sociales, ya que “el concepto histórico de laicidad era la separación entre la Iglesia Católica y el Estado”, no la inhibición ni la prescindencia docente respecto de su entorno.

Olivera, por su parte, lamentó que “está muy de moda el ´ahora´”, inmediatismo que expresa una concepción general y aplicada a la educación en particular, que “no necesita el relato” de los hechos y procesos sociales y que “prescinde”, para la comprensión de las cosas, “de la perspectiva histórica”.

Repasó algunos acontecimientos relevantes, locales y mundiales, de las décadas del ´40 y el ´50 para recordar que “en todo ese proceso siempre hubo fuerte pronunciamiento y compromiso del sector docente sobre todos estos temas”, desde la Guerra Civil Española hasta la Segunda Guerra Mundial entre varios otros.

En la misma dirección, “la Fenapes tuvo un rol activo, clave, decisivo” junto a otros sindicatos “en la formación de la CNT”. Todo esto lo olvidan “quienes dicen hoy” que el sindicato de profesores asume “un posicionamiento político” y opinan que “no deberíamos” tenerlo.

“Esa falta de relato histórico es una forma de falsear la verdad”, reflexionó el dirigente, y reseñó parte de la extensa historia de participación de los docentes en el rumbo de la educación, un “largo, rico proceso de autonomía y cogobierno pleno, particularmente en el gobierno de Secundaria”.

El correlato actual de esa historia se verifica con “la coalición” ´multicolor´ de la oposición, que en el plano programático educativo “lo que hace es recortar y pegar” fragmentos de un documento oficial “de la Ocde” donde este organismo recomienda directamente eliminar el cogobierno docente. Y esto se corresponde con el “excesivo interés por el control ideológico y político del gobierno de la educación”, que es “la matriz de Sanguinetti”.

De hecho, “hace 48 o 72 horas Beatriz Argimón dijo que no saben cómo van a mantener” a los docentes “en el gobierno de la educación”, apuntó.

Al referirse a las discusiones sobre la laicidad, Olivera criticó que “hay una especie de planteo de neutralidad absoluta” muy en boga en la región, reflejado por ejemplo en “las ´escuelas sin partido´” del Brasil gobernado por Jair Bolsonaro. Esa exigencia a los docentes de “abstencionismo total y absoluto” apunta a “imponer el pensamiento único” en la educación.

Eso se observa “hoy en Brasil”, donde “se les prohíbe a los docentes hablar del movimiento feminista y de educación sexual”, camino indeseable que sin embargo “no es nuevo en América Latina, nosotros lo conocimos” también en Uruguay. Y aun en este periodo “hubo estudiantes a los que se les impidió entrar con un pañuelo rosado” al liceo, ejemplificó.

La entrevista también abordó el debate sobre los avances de la última década y media y los problemas pendientes de superación en la Educación Pública uruguaya. En este punto, Olivera recordó que “teníamos hasta hace poco miles de jóvenes que ni siquiera podían pasar por la puerta de los centros educativos” por incapacidad económica hasta para trasladarse.

Añadió que “la Educación Secundaria no fue pensada con criterio democrático y universalista” en el Uruguay del siglo 20, entonces “eran muy pocos los que llegaban a la Educación Media”. Claro que “también hay que asegurar la condiciones para la permanencia y los aprendizajes”, complementó.

En cualquier caso, “nunca tuvimos un millón de estudiantes en el sistema educativo” como en estos años, “ni un proceso de descentralización de la Universidad de la República y también con la Utec”, todo lo cual no hubiera podido ser realizado sin aumento del presupuesto para el sector. Aunque, matizó, en esta dimensión decisiva “Uruguay sigue estando por debajo del promedio de América Latina y ni hablar de la Ocde”.

Luego reflexionó críticamente sobre la extendida práctica política y social de exigirle a la educación muchas cosas que deben ser cubiertas en otros ámbitos y de otras formas, y sobre cómo esto abona muchas frustraciones.

Explicó que “el Ineed” está alineado “con la Ocde” y de qué forma “hace política”. Fustigó el hecho de que “muchos de estos técnicos no tienen práctica ninguna” en el terreno real de la educación, y que apenas “intentan hacer una narrativa y tampoco son ingeniosos”. En este sentido citó textualmente un documento del Banco Mundial que atribuye a los docentes en forma exclusiva la responsabilidad por supuestos fracasos educativos.

Vespa, a su turno, coincidió en lamentar que “hemos escuchado mucho hablar de la ´crisis de la educación´” cuando esto no se verifica en la realidad del sistema educativo, más allá de dificultades y carencias.

Por un lado “es real que ha existido incremento presupuestal”, aunque aún “no sea el que necesita el país o la educación pública uruguaya”. Pero al mismo tiempo “nosotros hablamos de masificación” estudiantil, destacó refiriéndose a “una inclusión importante” en el sistema de un amplio sector juvenil “que no llegaba a esas aulas”, a las que hoy conoce y asiste.

Esto “para nosotros es altamente positivo”, si bien “tiene que venir acompañada de otra serie de recursos” que permitan hacer “un acompañamiento pedagógico más específico”, por ejemplo con psicólogos y trabajadores sociales, entre otros técnicos y profesionales de apoyo.

Asimismo, “esa masificación tiene que venir acompañada de un nivel educativo” que no ha sido el promovido por las políticas educativas aplicadas desde 2005, puntualizó la dirigente de Fenapes. Relacionó esta crítica a la concepción en curso, con la historia educativa nacional desde la dictadura y la posdictadura. Hay allí un hilo conductor materializado en “una estrategia que apuntó a bajar el nivel en la educación” y a habilitar “un pasaje por las aulas que no implica necesariamente una formación”.

Jóvenes como esos, “antes llegaban” al sistema educativo “con otros acompañamientos”, por ejemplo familiares, de los que ahora carecen en buena medida por un conjunto de razones que hacen tanto a la lucha diaria por la supervivencia como a la desintegración socio-familiar en vastos sectores. A lo que se suma la creciente exigencia, a la educación y a los docentes en particular, de que cubran y suplan esas ausencias y carencias.

Simultáneamente se pierde de vista, incluso desde ámbitos profesionales, que “en la educación es muy difícil que los resultados sean visibles y a corto plazo”, sucediendo que “a veces pasa mucho tiempo antes de que eso impacte en la sociedad”, analizó la profesora.

Después se refirió críticamente a las desigualdades de contenidos entre formatos y planes en la Educación Pública, ejemplificándolo con las carencias para atender dificultades específicas de aprendizaje y otras presentes en muchos jóvenes y sus entornos familiares y sociales.

“La ideología dominante es dominante porque domina”, sintetizó Vespa al analizar las razones de la introyección en la sociedad del relato de la ´crisis de la Educación Pública´, discurso operado principalmente a través de los medios de comunicación hegemónicos y las usinas del pensamiento liberal.