¿Existe la autoestima nacional? ¿Estamos orgullosos de lo que somos como sociedad?

En su columna de asuntos públicos Vox Populi, Vox Dei, Linng Cardozo analizó el comportamiento de los uruguayos, la autoestima nacional y cómo nos vemos como sociedad.

DEFINICIÓN DE AUTOESTIMA
Cuando hablamos de autoestima, nos referimos a la opinión emocional que las personas tenemos de nosotras mismas y la valoración propia de lo que somos. Esta estimación supera en sus causas la racionalización y la lógica, por eso vemos personas que teniendo absolutamente todo se subestiman en niveles casi patológicos, y viceversa, que careciendo de todo, luchan en la vida como grandes campeonas.

Respecto a los pueblos, la autoestima ciudadana está ligada a la misma soberanía, a partir de un conjunto de referentes como el patrimonio cultural, institucional y humano, capaces de enfrentar cualquier calamidad con madurez y estabilidad. La autoestima nacional puede medirse en el orgullo por sentirse perteneciente a un país o a una comunidad espiritual, como se puede caracterizar a Uruguay.

La noción de lo “nacional” comprende lo que se entiende como “Nación”, “Patria” o “Nacionalismo”. En todo caso es un reflejo de pertenencia a cuestiones tangibles o intangibles.

Es innegable que existe la pertenencia a una zona ya l conjunto de signos y claves culturales que ella integra y representa. No es menor este dato: la estrategia de los pueblos invasores, colonizadores y expansionistas, debilita la autoestima de los invadidos, afanándose por borrar historia y tradiciones, desacreditándolas e ignorándolas, y con el poder mediático a su servicio, reduciendo la autoestima ciudadana a los niveles más bajos, al punto de llegar a rechazar la propia tierra. Pero el ataque a la autoestima del pueblo también se hace desde la misma sociedad política cuando gobierna sin tomar en cuenta la importancia de planes para levantar la autoestima nacional, como una estrategia de crecimiento.

¿CÓMO SE FORTALECE LA AUTOESTIMA NACIONAL?

Logros en la Economía.
Logros deportivos.
Logros sociales.

CUESTIONES DE HUMOR EN LOS ÚLTIMOS 70 AÑOS

En Uruguay, identifico arbitrariamente 5 fases anímicas desde 1950 para acá. Cada fase con tonalidades bien diferentes y con particularidades que marcan el humor de la sociedad.

Estas 5 fases que tienen algún parentesco.

  1. 1950 a 1960. Maracaná y la guerra de Corea que nos compró todo. La simultaneidad de ambos fenómenos instaló en Uruguay un determinado clima de sentirse uno, en tanto un ser colectivo. El fútbol –de fuerte presencia en la matriz cultural uruguaya- tuvo un vector relevante, tanto que el éxito de Maracaná se vive hasta nuestros días.
  2. 1960 a 1971. Deterioro, crisis. En la década del 60 se vivió fuertemente la caída de un modelo de país. Tanto que en aquella época la intelectualidad se planteaba si Uruguay era viable como país. Fue claro el peso de la generación del 45 en esa mirada crítica del país. Los golpes de Estado en la región, el nacimiento del MLN y la presencia de candidatos militares en los tres partidos, fueron signos distintivos de un ademán de autoridad o autoritario de la sociedad para enfrentar los problemas.
  3. 1971 a 1984. Dictadura, Mundialito del 80. Argentina había llevado adelante el Mundial de 1978 –salió campeón- como forma de contrarrestar las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos. Los militares y civiles uruguayos que gobernaban el país, quisieron hacer la misma cosa. Pese a que se salió campeón, no se logró el clima deseado. La sociedad amordazada y con miedo seguía en pie. Era evidente la falta de tono social en la sociedad.
  4. 1984 a 2002. Recuperación democrática. Expectativas por encima de las posibilidades. Crisis de la deuda, crecimiento y crisis de 2002. Existió una época de fuerte optimismo, pero los problemas continuaron en una transición compleja.
  5. 2005 a 2019. Crecimiento, Plan Ceibal, lucha contra el tabaquismo, Mundial de Sudáfrica de 2010. Todos estos elementos fueron y son significativos para el país en su conjunto

Parece interesante destacar lo ocurrido en 2010. En ese año se sintetizó un aspecto registrado en 1950: logro deportivo acompañado de buen desenvolvimiento de la economía.

La obtención del cuarto puesto en el Mundial de Fútbol de Sudafrica, fue una conquista que conmovió a todo el país y un elemento distintivo de comunión entre la gente y el equipo uruguayo se vivió cuando habló el Maestro Oscar Tabarez en el Palacio Legislativo –nuevamente la política y el deporte juntos- y al mencionar el eslogan que lo caracteriza: “el camino es la recompensa”.

Ese punto de encuentro entre los atletas y la gente, el pueblo, fue uno de los hitos más relevantes de la autoestima nacional. El ser colectivo expresado en una comunión de valores. (Es probable que en la crisis del 2002 haya aparecido una conducta colectiva solidaria de aquellos que tenían más posibilidades que el familiar o vecino que había quedado en la mala. Hubo comunión en la crisis. Y el ser-solidario parece haberse expresado en la comunidad).

A partir de ese fenómeno de 2010, cambiaron algunas cosas. Por ejemplo, comenzaron a aparecer banderas de Uruguay en las casas en ese inmediato verano y los niños ahora tuvieron motivos para pedir camisetas de Uruguay como nunca antes con los nombres de sus ídolos.

MIRADAS SOBRE EL URUGUAYOS

  1. Varios investigadores uruguayos sostienen que el uruguayo padece una suerte de “pesimismo sistemático” acerca de las percepciones sobre el andar de la economía. Ello está presente en las explicaciones que dan César Aguiar, (2000), Carlos Filgueira (1998), Canzani y Monestier (ellos hablan de “biológicamente pesimistas”) o Luna que habla claramente de un “pesimismo estructural”.
    Filgueira dice que el concepto de vulnerabilidad puede ser relevante para comprenden el pesimismo uruguayo.
    Los uruguayos son, en términos de Canzani y Monestier, “biológicamente pesimistas” o de Luna en Uruguay existe” (Luna 2001).
    Las explicaciones que los políticos dieron a estos sentimientos fueron normalmente dos: que correspondían a un aspecto temperamental, de pesimismo crónico, próximo a las viejas teorías del carácter nacional o la personalidad básica, o que era el efecto de una estrategia de descontento expresamente desarrollada desde la oposición. Puede ser.
    Sin embargo, hay otra una explicación alternativa que es la del sesgo de las identificaciones partidarias, explorada con claridad por el sociólogo Martín Oppertti en la audición pasada.
    Este sesgo de la identificación partidaria y lo que se siente comom ciudadano –orgullo o satisfacción con el país- aparece en este trabajo sobre la autoestima nacional.
  2. El otro apunte sobre los uruguayos lo brinda la periodista venezolana Leila Marcor, en su libro maravilloso, «Lamentablemente estamos bien». A partir de su estadía en Uruguay, describe algunos tonos clásicos de los uruguayos. Dice así: “Más o menos en la fecha en que llegué a Uruguay se hacía un censo nacional, donde presencié atónita esta escena:
    – ¿Tiene lavarropa?
    – Sí.
    – ¿Calefón?
    – Sí.
    – ¿Heladera con freezer?
    – Sí.
    – ¿Licuadora?
    – Sí – y la dueña de casa suspiró antes de agregar, apesadumbrada-: Lamentablemente, aquí en Malvín todos te van a responder que sí a esas preguntas.
    El sentimiento de culpa que sienten muchos uruguayos por llevar una vida confortable, habiendo tanta pobreza en el mundo y sobre todo en el país, deja perplejo a cualquier recién llegado. Sucede que los orientales son convencidos cultores d ela solidaridad, aunque muchos practiquen su liturgia sólo de palabra. Y ese deber-ser-solidario se traduce en un fuerte rechazo a la ostentación y en consecuencia en ese exasperante sentimiento de culpa que a la postre no sirve para nada. No obstante, lo que sí se consigue con tanta vergüenza por lo que se posee es convertir muchas conversaciones en una justificación de gastos. Si una mujer, por ejemplo, alaba los zapatos de otra, la respuesta de la segunda, invariablemente, es:
    – ¡Pero los compré de oferta!”

Más adelante la periodista venezolana narra: “Además, en Carrasco, la zona más elegante de Montevideo, hay enormes casas que delatan los lujos de sus habitantes. Sin embargo, los autos estacionados en las cocheras de esas mismas casas corresponderían mejor a las capas medias. Prefieren un vehículo modesto porque no desean ostentar sus comodidades cuando transitan por la ciudad.”

El mismo día de esta columna, Montevideo Portal brindó una información sobre un índice de felicidad. El portal lo tituló: Triste como uruguayo contento. Un titular con el mismo tono que el expuesto por la periodista venezolana. El índice muestra a Uruguay en quinto lugar en A. Latina con ciudadanos felices.

En los días previos a la columna, plantee el tema de la autoestima en las plataformas Twitter y Facebook. Hubo buena receptividad. Muchos dijeron que estaban orgullosos del país y sus logros. Otros dijeron que no había nada de que enorgullecerse. Un enólogo amigo, me escribió: “cuando salgo al exterior hablo maravillas del país, pero estando acá me quejo”.

Si uno analiza el historial de su cuenta, este enólogo amigo es un claro opositor al gobierno. Esto coincide con quienes dijeron que Uruguay era un desastre. Por el contrario, si uno analiza el historial de quienes dijeron que sentían orgullo por el país y sus conquistas, se observa que son frenteamplistas.

Una primera conclusión: se alinearon dos bloques: los tuiteros oficialistas, hablan muy bien del país; los opositores muy mal. El sesgo partidario parece estar definiendo el nivel de autoestima nacional.

La segunda conclusión: la autoestima nacional existe, pero varía en función de quien gobierna. No es un tema de medición objetiva, sino de pertenencia ideológica.

Linng Cardozo
20 de marzo de 2019