Emir Sader: las condiciones para que la izquierda se recomponga están dadas porque la derecha no tiene un modelo para conquistar bases populares

Entrevistado en InterCambio el sociólogo y politólogo brasileño Emir Sader, habló sobre el proceso social y político brasileño y latinoamericano, analizando las tensiones y correlaciones en movimiento que plantean un escenario de disputa abierta entre modelos opuestos y excluyentes entre sí.

Sader estuvo durante los días recientes en Buenos Aires y Montevideo presentando su último libro, titulado ´Lula y la izquierda del siglo XXI´. Sobre esto, al abrir esta entrevista sostuvo que entre los líderes y conductores progresistas y de izquierda latinoamericanos de las últimas décadas, “los que mejor captaron” la esencia de la lucha anti-neoliberal “no vienen de la izquierda tradicional”, tal los casos de “Lula y Pepe Mujica«.

Evocó la historia social y personal de Lula no como intelectual urbano de clase media educada y universitaria sino como nordestino muy pobre producto de la histórica desigualdad estructural brasileña y latinoamericana, hijo de mujer sola con una prole numerosa, emigrante interno que se convierte en obrero industrial y que pierde un dedo trabajando en una fábrica del mayor polo industrial del subcontinente.

Después el sociólogo se remontó hasta “la dictadura militar en Brasil” para ubicar los inicios del proyecto neoliberal que ahora aplica en forma cruenta el gobierno de Jair Bolsonaro. Aquel “fue el primero” de los intentos de las élites y el gran capital para frenar los entonces incipientes procesos de crecimiento de la izquierda brasileña.

De hecho, “el tamaño de la represión” de la dictadura impuesta con el Golpe de Estado de 1964 no fue equiparable al de Argentina, Chile o Guatemala sino que correspondió “al tamaño de la izquierda” brasileña en los años 60 y 70. Aquel régimen nacido con el derrocamiento del gobierno constitucional de João Goulart “alcanzó el ciclo más largo” de crecimiento “del capitalismo”, el del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Eso le garantizó “crecimiento económico” junto a un relativo éxito político.

Pero “esta vez”, es decir en ocasión del ´golpe blando´ contra Dilma Rousseff, el gobierno también constitucional encabezado por el Partido de los Trabajadores (PT) “fue víctima de la fuerza de la izquierda brasileña” y no de su debilidad como en 1964. La fortaleza de la izquierda determinó ahora que las élites del capital y la derecha tomaran “el atajo del golpe”, la persecución judicial de Lula y “la operación brutal de la campaña electoral” inhabilitando al líder político más popular de América Latina.

Recordó que “el gran empresariado siempre tuvo en el partido de (Fernando Henrique) Cardoso a su representante” natural de clase, si bien esos sectores del capital “aceptaron y convivieron con el PT” mientras éste mantuvo una coherencia hacia sus bases sociales y un diálogo con éstas, a cargo de Lula.

Pero “el sector hegemónico” de las élites “es el capital financiero especulativo” y ante éste Dilma cometió el primero de sus “dos errores”: comprometerse “a bajar las tasas de interés” en el país respecto de las internacionales, disminuyéndoles de hecho “los impuestos” al pensar que esto operaría como aliciente para que invirtieran más en la economía cuando finalizaba el ciclo del auge de precios de las materias primas.

El segundo error de Dilma fue su manejo político sectorial, carente del diálogo permanente y la capacidad comunicativa características de Lula. Se dio así “el paso del que habla al que no habla”, graficó Sader. Ello determinó en parte la clara regionalización del voto en las últimas elecciones en que Dilma fue electa Presidenta: el PT y su candidatura confirmaron el apoyo del norte y nordeste con hasta el 70% de los sufragios, mientras que en el centro-sur perdieron por amplias distancias.

El entrevistado remarcó como debilidad que Dilma “no tenía articulación política, no conversaba” con los sectores sociales y sus representaciones, y además “hizo un comienzo de ajuste fiscal trágico” para los sectores populares.

“Eso fue grave, contra toda la opinión del PT y de Lula”, y lo hizo asumiendo que aquella “exención” impositiva al empresariado “iba a funcionar” al tiempo que ajustaba gastos e inversiones por abajo.

Sader también analizó los matices y claroscuros de los procesos de relevo de liderazgos en el progresismo y la izquierda latinoamericana. Volviendo al proceso brasileño, explicó que “cuando la derecha optó” finalmente “por el golpe, radicalizó a la clase media” y con ello “se vació el partido de Cardoso”. Así fue que “las bases populares de la derecha se fueron” aún más “para la derecha” representada por Bolsonaro, habiendo mediado la proscripción de hecho “de Lula”. Sin esto, no hubiera sucedido aquello.

Con Lula fuera de carrera porque arrasaba en las encuestas, y propagando a través de las llamadas “redes” sociales versiones fantásticas sobre materiales pedagógicos con formas de pene en las Escuelas cuando era Ministro de Educación el candidato de la izquierda, Fernando Haddad, la derecha y sus operadores impusieron “la agenda” y la izquierda no pudo hacer más que “contestar”, quedando inexorablemente a la defensiva.

“Esa operación se hace desplazando los temas de la cabeza de las personas” como en casi toda la región, con los casos emblemáticos de “Bolivia y Argentina”, en donde las campañas mediático-judiciales de acusaciones falsas contra Evo Morales y Cristina Fernández han hecho mella en vastos sectores de la opinión pública y el electorado.

De hecho, también en Brasil “la situación era buena”, pero lograron “instalar” la idea opuesta, advirtió.

Las consecuencias son nefastas. “Desde el gobierno de Temer, la situación del pueblo es dramática”, con ejemplos como “el 13%” de población activa “sin trabajo” según la medición oficial, junto a una muy alta “precarización” del empleo.

Al proyecto de restauración neoliberal le resulta insustituible el ruido mediático y la confusión que genera en la ciudadanía, de ahí que “esas peleas terribles dentro del gobierno” de Bolsonaro “ocupan el escenario” político y mediático, que anteriormente “siempre fue izquierda-derecha”, analizó el académico marxista.

Sin embargo, “ellos perdieron la luna de miel por ese desastre del gobierno”, quedando cada vez más claro para más personas y sectores que “Bolsonaro fue bueno para ganar, pero para gobernar no tiene ninguna capacidad”, al punto de que incurre en “ofensas a los militares”, explicó.

No obstante, por ahora “eso termina ocupando el centro del debate”, mientras que “la izquierda está resistiendo” el programa de ajuste capitalista al tiempo que con ello se recupera paulatinamente de los duros golpes recibidos desde 2015. Uno de los planes que resiste es el de reforma regresiva de la Seguridad Social, “una pelea decisiva” para el presente y el futuro de la sociedad brasileña y sus sectores sociales subalternos.

“Es normal que al comienzo del gobierno (de Bolsonaro) la izquierda estuviera a la defensiva” en función de la magnitud del golpe recibido, pero eso está quedando atrás y ya se aprecia una “unidad sólida respecto a la resistencia” al proyecto ultra-liberal. Como correlato en la opinión pública, “ya cambió el clima de lo estadístico-electoral”, incluso a pesar de que el poder mediático apoya al gobierno “en el programa neoliberal”, destacó.

En cuanto a cómo se encuentra Lula, “esa primera” entrevista “que dio” al diario español El País hace apenas semanas luego de que el Poder Judicial le levantara la incomunicación mediática, “tuvo gran impacto” nacional y mundial, siendo el expresidente “un tipo de gran comunicación popular”.

Sader celebró también el cambio de opinión del líder brasileño respecto de su negativa a ser liberado mientras se desarrollan los procesos judiciales en su contra. “Dice que está dispuesto a aceptar” la libertad para poder luchar en mejores condiciones y que esto no significa acepta su culpabilidad, modificando así las dos premisas en que ha basado su defensa hasta ahora.

“La idea (de sus perseguidores al encarcelarlo) era quebrarlo” pero está más fuerte según pudo verse en la citada entrevista. “Se rompió la unidad de ellos, y por eso aparece la posibilidad incluso de que le den Habeas Corpus”, entonces Lula hace bien en aceptar la idea de su excarcelación.

Acerca del acontecer regional en los próximos años, Sader es optimista y piensa que “va a haber alguna continuidad” de los procesos y gobiernos progresistas y de izquierda, “porque la derecha sigue neoliberal ortodoxamente” y sus operadores “no aprendieron del agotamiento de sus gobiernos” en las dictaduras y los años 90. “Tienen pies de barro”, graficó.

Caracterizó que “la derecha no tiene proyecto atrayente para las bases populares”, por lo tanto “el eje central” de la acción de las izquierdas y los movimientos populares debe ser “la lucha” contra “el modelo neoliberal”. En Argentina “Cristina tiene ventajas para ganar hoy” a menos que la derecha lo impida mediante alguna nueva operación judicial.

En la región en general “las condiciones para que la izquierda se recomponga están dadas porque la derecha no tiene lo que hacer”. Para las izquierdas resulta “claro que se agotó un periodo, pero otro vendrá” como continuidad del avance democrático de las sociedades, puesto que “a escala mundial la derecha destruye el ´Estado de bienestar´”, como se observa “en Europa”. “Están entrampados en eso, casi que la izquierda tiene la obligación de ganar”, reflexionó el sociólogo.

En ese contexto, “Uruguay y Bolivia están en disputa” entre el proyecto democrático de derechos y el modelo excluyente del neoliberalismo, alertó. Sader se encontró con Pepe Mujica en los días anteriores y pudo ver que el líder frenteamplista “siente” una “preocupación fuerte” por el futuro inmediato. “Está animado para la disputa” pero también “muy preocupado”, por ejemplo de que las sombras tramen algo aún peor “contra Cristina”.