El voto y el pensamiento complejo. Pistas de acción

La noción de “Pensamiento complejo” fue acuñada por el filósofo y sociólogo francés de origen sefaradí Edgar Morin. Nació en 1921 y aún vive en Francia. Perteneció al Partido Comunista francés.

Esta idea hace referencia a la capacidad de conectar diferentes dimensiones de la realidad, entendiendo que esta tiene cada vez más componentes, a medida que la humanidad ha ido progresando y evolucionando.

La realidad se podría comparar con un tejido, compuesto por múltiples tejidos y, por tanto, algo realmente complejo.

A mayor complejidad, más detalles sobre la sociedad en la que se vive se tienen que tener en cuenta.
Nuestra sociedad uruguaya -como todas las sociedades- tiene pliegues, diversas capas, algunas visibles, y otras sumergidas, escondidas, difíciles de observar y detectar.

Debido a las características de la sociedad actual, es necesario que la persona, para poder tener una opinión bien fundamentada, reflexione detenidamente la información que recibe. Esta capacidad reflexiva es lo que Morin denominó como “pensamiento complejo”.

Este concepto es totalmente contrario al del pensamiento simplificante, el cual unifica todo el conocimiento a una sola visión, anulando la posible diversidad.

¿Eso anula la polarización en tanto la polarización es simplificante?
No. Ese es otro tema que lo abordaremos mas adelante en esta columna.

El sicólogo español Nahum Montagud Rubio sostuvo que “el término de complejidad, dentro del pensamiento de Edgar Morin, puede ser representado como una especie de gran red, cuyos delgados hilos se entrelazan y relacionan sus componentes. Los hilos son eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares de conforman el mundo.”

El pensamiento complejo atiende a cuestiones, tanto profundas como banales, algo que en estas columnas trato de desarrollar.

El pensamiento complejo tiene la destacable característica de no aceptar un hecho como algo tajante e indudablemente creíble, sino el de potenciar la búsqueda de otras opciones, explorar y ver hasta qué punto lo percibido es cierto o no.

En estas columnas, por ejemplo, he explorado las capas históricas en el comportamiento social de nuestros protagonistas, de las élites políticas y de los factores de poder.

Todo conocimiento lleva consigo un riesgo de error, que puede ser mayor o menor. Al igual que siempre ha sucedido con la ciencia, hay datos que en un momento histórico son tomados como una verdad y, después de investigarse de nuevo, se refutan.

El conocimiento es algo que evoluciona y, por tanto, puede ser muy relativo y frágil. Así pues, se debe ser crítico con el propio conocimiento.

Es interesante, entonces, detectar cuál es la información veraz. También es importante entender qué son problemas reales y qué tipo de información es la adecuada para poder llegarlos a solucionar.

Recuerden que también hemos abordado acá, que la realidad es compleja de definir, porque hay hechos y miles de interpretaciones por lo cual la verdad se hace líquida.

Operan en nuestras verdades un conjunto de factores, entre otros lo que percibimos, la percepción individual y social.

La inteligencia general se fundamenta en los conocimientos que son aceptados por la población, y también por la crítica que se les hace.

Se debe saber apreciar la diversidad cultural y no pretender homogeneizar a la humanidad, pero también comprender que todos tienen los mismos derechos y obligaciones.

Se debe contextualizar a las personas en función de la situación que les ha tocado vivir, no como algo indudablemente inseparable de ellas. (Este asunto es muy interesante y de pronto en algún momento vuelvo sobre el tema: la valoración de las decisiones. ¿Podemos decir, simples de cuerpo, que “me equivoqué” o quizás la decisión fue un acto acertado en función de un conjunto de factores?)

Desde la lectura de Morin, se debe fomentar la comprensión tanto dentro del propio grupo como en relación a las personas de grupos diferentes, ya sea en términos culturales, lingüísticos, religiosos o de cualquier índole.

Los valores morales de uno pueden ser un obstáculo a la hora de ponerse en la piel de otra persona. Los grandes enemigos de la comprensión, de acuerdo con Edgar Morin, son, por ejemplo, el egoísmo y la ortodoxia nacionalista.

Después de esta mirada sobre el pensamiento complejo y Edgar Morin, vayamos a la polarización de estos días en el país en donde el pensamiento complejo se vuelve un ejercicio necesario y difícil.

Polarización y la gran oreja

El fomento de la polarización no es un fenómeno nuevo.
Hoy tanto frenteamplistas como los referentes de la coalición opositora, abonan la tesis de la polarización: dos modelos.

Ernesto Laclau fue un filósofo, teórico político y escritor argentino postmarxista.
La teoría de la hegemonía de Ernesto Laclau ha recibido críticas por su definición antagónica de la política y la consiguiente reducción del pluralismo que resultaría de la misma.

El kirchnerismo bebió en esas lecturas y en España el partido Unidas Podemos trabaja sobre las tesis de Laclau.
En tanto el escenario es binario -o sea, polarizado- ¿qué caminos le queda al Frente Amplio?

Desde la perspectiva de Laclau e incluso gramsciana -más vinculado a la hegemonía cultural- trataré de enumerar algunos caminos que se están transitando y otros que no se están recorriendo.

Hay una fuerte corriente comunicacional que parece instalar que es imposible triunfar en las elecciones del 24 de noviembre.

Frente a esto, en forma autoconvocada, la militancia del Frente Amplio -un verdadero activo político de la coalición de izquierdas no siempre tenida en cuenta- está haciendo cosas con el objetivo de instalar la lógica de que el triunfo es posible.

Para eso es necesario entusiasmo, mística, compromiso, trabajo con todas las herramientas posibles. Se trata de una vigorosa respuesta expresada por ejemplo en los médicos, maestros, arquitectos, artistas, deportistas, etc.

Se trata de una expresión de la agitación de la hegemonía cultural de la que habla Gramsci. ¿Qué se busca? Ocupar la centralidad política y comunicacional; la centralidad cultural.

Lo interesante es que no ha sido articulada y ni siquiera la Mesa Política resolvió convocar a esos colectivos.
Los otro interesante es salir a cantar. Mucha gente está promoviendo salir a cantar a las plazas, parques y playas.

Cantar, jugar, no es lo mismo que caer con un folleto precioso sobre tus virtudes o las mentiras de tu contrincante.
Se trata de acciones superadoras de la bronca, una bronca sobre los resultados del pasado 27 de octubre y sobre las propias responsabilidades políticas, errores y acciones equivocadas.

La bronca es emocionalmente legítima, pero políticamente es un desastre. Enojarse no sirve para hacer política.
La creatividad tiene que estar aplicada en tomar esa emoción y convertirla en algo. Si queda en mera indignación, somos plateistas de la política.

Detallo algunos pormenores de esas acciones: los médicos frenteamplistas saldrán a las plazas a tomar la presión y a conversar sobre salud. Los sicólogos frenteamplistas saldrán también a las plazas y llevarán dos banquitos, una especie de terapia a cielo abierto como hemos hecho en estas columnas.

El otro centro sobre el cual se trabaja, es el respeto a la opinión ajena.

Y ahí aparece el pensamiento complejo de Morin: nuestra pelea es con el otro modelo y las élites de ese modelo y no con quienes- por motivos diversos- resolvieron darle el voto.

Una gigante oreja debería estar atravesando el país.

Pero hay un problema: la confianza. Y eso se conquista o reconquista, desde la asunciòn de aciertos y errores.
Parece clave, aunque suena complejo: es sintonizar con esas expresiones que existen en la sociedad uruguaya y que se vinculan con lo mejor del mejor liberalismo político.

¿Se dan cuenta que arrancamos por Morin, pasamos por Gramsci y tocamos el liberalismo político?

Consecuentemente el tema acá es como le hablamos al otro; claramente debemos reflexionar desde “pensamiento complejo”.

Alguien escribió: “Si estamos más preocupados en quienes somos nosotros que en quién es el otro, le pifiamos. La identidad es muy buena para uno pero es expulsiva para el otro, y cuanto más intensa más expulsiva”.

Uno no gana porque tiene razón o porque es mejor. No alcanza. Resulta que la democracia es numérica y no cualitativa. Por suerte todos los votos valen uno.

El pensamiento complejo de Morin nos dice: “Entre los infinitos segmentos, infinitos contenidos. Cada voto es una neurosis. A cada uno le llega a su manera, en su singularidad.”

Hay otro asunto relevante en todo esto: cualquier acción táctica tiene que estar inscripta en una estrategia. Cuando el general Seregni hablo que en estrategia hay que pensar en la mañana siguiente, nos está diciendo que debemos dibujar la estrategia y que cada movimiento táctico debe estar conectado con la estrategia.

Por lo tanto, lo que hagamos hoy no finaliza el 24 de noviembre. El peor error es convocar a la gente para el 24 y después, si se gana o se pierde, olvidarse de ella.

Consistencia, Crear y Construir. Las tres C que desembocan en la confianza para ganar. En otra C.

Linng Cardozo
6 de noviembre de 2019