«El Mercosur entró en un estado de inacción total y fundamentalmente de irrelevancia»

En cuarentena, con sus fronteras cerradas y sin actos oficiales ni conjuntos por el COVID-19, este jueves 26 de marzo el Mercosur cumple 29 años. “El bloque regional atraviesa además de la crisis sanitaria otra política y existencial”, dijo a Sputnik el exsenador paraguayo Mario Paz Castaing, vicepresidente del partido Patria Querida.

«El Tratado de Asunción del 26 de marzo de 1991 fue la coronación de un esfuerzo anterior», iniciado por los presidentes post dictaduras de Argentina, Raúl Alfonsín, y de Brasil, José Sarney, quienes firmaron casi 30 documentos bilaterales que posibilitaron la coordinación política en varios aspectos, entre ellos el comercial.

Con las dos potencias del Cono Sur alineadas en progresar juntas ante la globalización incipiente, se incorporaron a las negociaciones Uruguay y Paraguay, las cuales finalmente derivaron en el Mercosur.

«El Tratado de Asunción se hizo más bien al calor de aquellas ideas del Consenso de Washington, de un imaginario colectivo de un mercado de 200 millones de personas», apuntó Castaing, refiriéndose al término acuñado por el economista británico John Williamson para describir un paquete de reformas para los países en desarrollo afectados por crisis económicas.

Con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional como sus principales impulsores, estas medidas apuntaban a la estabilización macroeconómica, la liberalización del comercio y la inversión, el achique del Estado y la expansión de las fuerzas del mercado dentro de la economía interna, por ejemplo mediante la privatización de empresas públicas.

En los hechos, el Consenso de Washington se convirtió en «la biblia» del modelo neoliberal que comenzó a extenderse por la región en los años 90 del siglo pasado. Sus principales promotores en el sur del continente fueron los presidentes firmantes del Tratado de Asunción: Carlos Menem, de Argentina; Fernando Collor de Mello, de Brasil; Andrés Rodríguez, de Paraguay, y Luis Alberto Lacalle -padre del actual mandatario uruguayo-, Luis Lacalle Pou.

«Luego vimos que no fue tan así. Las ideas se trasuntaron demasiado rápido en un documento que quizá fue infinitamente superado por la realidad de nuestros países y sus tremendas asimetrías en todo sentido, que dibujaron un Mercosur de distintas proyecciones y diseños que fueron ocurriendo en estos 29 años», afirmó el también experto en Relaciones Internacionales y Derecho del Mercosur.

Luces

Uno de los principales logros del bloque regional es que «impuso un sello, una marca que es internacional, global, se conoce en todo el mundo. Es un sello identitario que superó a antiguas proyecciones regionales como la Aladi (Asociación Latinoamericana de Integración), que sigue existiendo pero nunca tuvo el alcance del Mercosur», opinó el entrevistado.

La unión regional «ha creado un mercado importante aunque no se logró la unión aduanera», una de las metas originarias que se esperaba concretar, afirmó Paz Castaing. Tampoco se avanzó «en establecer una zona de libre comercio», lamentó.

Como elemento positivo y facilitador del comercio, el experto mencionó al Arancel Externo Común (AEC), que grava entre cero y 20% a los productos que ingresen extrazona por cualquiera de los países. Se trata de un mecanismo que protege en especial «a los países más pequeños, Paraguay y Uruguay», explicó.

Otro activo del bloque es el Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur (Focem), que permite el desarrollo de obras de gran envergadura para que los socios menores acompasan sus capacidades viales, energéticas y logísticas a las de Brasil y Argentina.

Sombras

«Tenemos varios problemas enfrente: uno es el del AEC», indicó Paz Castaing. «Brasil lo quiere sacar pero creo que con eso se termina el Mercosur» advirtió. El otro asunto relevante «es la flexibilización de la norma 2.000 del Consejo Mercado Común, que impide a los miembros negociar por separado acuerdos comerciales con terceros países o bloques regionales.

Hasta hace no más de dos años esa posibilidad era reclamada por Uruguay para poder suscribir un Tratado de Libre Comercio con China, ya que el gigante asiático rechaza un acuerdo con el bloque porque Paraguay es uno de los pocos países del mundo que mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán, considerada por Pekín como una provincia rebelde.

Más allá de esa posición, tanto Argentina como Brasil se opusieron siempre a ese tipo de flexibilidad, pero como ahora Brasil también reclama lo mismo, es factible que la se avance en la posibilidad de negociar por separado acuerdos comerciales prospere en el mediano o largo plazo.

Con Europa y con ¿China?

«El Mercosur entró en un estado de inacción total y fundamentalmente de irrelevancia», expresó el experto en Derecho del Mercosur. El acuerdo comercial firmado a fines de 2019 con la Unión Europea puede darle al bloque «una proyección nueva» y «ampararse en este acuerdo de gran porte para darle una reformulación», opinó.

Sin embargo, la crisis sanitaria global por el coronavirus amenaza con ralentizar cualquier tipo de avance, pero por el contrario, la retracción económica de China a raíz de la pandemia y la necesidad de posicionarse tras haber sido el país desde donde se expandió la enfermedad, podría abrir una puerta al Mercosur.

«Según las informaciones que tenemos, China incluso va aceptar que Paraguay esté incluído en el tratado con el Mercosur», a pesar de la relación del país con Taiwán que ha impedido siempre el avance de un TLC con la nación asiática, aseguró. «Después de los efectos de esta gran pandemia, [China[ lo va a firmar incluso con Paraguay dentro», agregó.

Tomando como ejemplo este caso, Paz Castaing consideró que el Mercosur históricamente está sujeto al ánimo o la ideología de cada presidente del bloque para avanzar o no el proceso.

«Nos anclamos en cuestiones de ideologizar la integración y esto no nos sirve (…) tenemos que decidirnos si queremos o no queremos integración», concluyó.