El gen conservador de los blancos y el homenaje de Jorge Luis Borges a Talvi

Algunos hechos de las últimas semanas, me permitieron incursionar por algunos pliegues de nuestra historia porque, daría la impresión que las mínimas historias o los pormenores de la historia, nos explican la gran historia.

Esta columna tiene dos capítulos. El gen conservador de los blancos y el homenaje de Jorge Luis Borges a Talvi.

El gen conservador de los blancos

Recurrí a un libro de José Pedro Barrán para tratar de entender cómo se movían las colectividades políticas y las élites empresariales frente al empuje reformista de José Batlle y Ordoñez.

En la columna pasada hice mención a la tensión entre batllistas y riveristas en el plebiscito de 1916 en donde Batlle fue derrotado, en medio de una grave crisis económica. Los riveristas, cabe recordar, fue un sector fundado por Pedro Manini Ríos, que a la sazón encabezó la rebelión conservadora y antireformista.

Me voy a detener en 1913, hace 106 años. Hacía nueve años que Aparicio Saravia había muerto en combate y los blancos conservadores y colorados liderados por Batlle y Ordoñez apostaban al fin de las montoneras y que las diferencias políticas se saldaran a voto y no a lanza.

En 1913 Batlle avanzaba con sus reformas. Los blancos estaban divididos –cuando no-. Por un lado los herreristas conservadores y por otro los saravistas que querían volver a las lanzas para desalojar a los colorados.

1913 es un año especial para Batlle y Ordoñez: su hija Ana Amalia había enfermado de tuberculosis.

Retrato de Matilde Pacheco y Ana Amalia Batlle. Carlos María Herrera, óleo sobre tela
176 x 150 cm. 1913.

Hugo Ultra en su libro “Ana Amalia” relata esto: Ana Amalia sintió un sabor amargo en la boca y una saliva espesa humedeció sus labios. Encendió la luz. Tomó el pañuelo que siempre estaba encima de la mesa de noche y, al limpiarse, vio que había quedado manchado de sangre. Por la mañana, Matilde, la esposa de Batlle, alarmada, llamó a su marido. Desde el palacio Estéves, el presidente Batlle solicitó al doctor Ricaldoni que acudiera a la quinta de Piedras Blancas para atender a su hija. El médico al fin confirmó la tuberculosis.

En esta novela, el autor recrea todos los intentos que hizo Batlle como padre para salvar a su hija adolescente, mientras como estadista debe luchar  por el valor del  liberalismo político, por la  pacificación de los partidos, por la educación del pueblo, en medio de un país donde se agitaban permanentemente  las rivalidades partidarias y los conflictos sociales.

Nunca Batlle se mostró más tiernamente humano que con su hija en ese triste episodio.

Ese era el contexto anímico de don Pepe en 1913.

 

En el libro “La reacción imperial conservadora 1911-1913”, cuenta Barrán que por aquellos años “El peso político del Partido Nacional y su dirigencia mayoritariamente conservadora tendieron a convertirlo en el vocero más importante de todos los intereses heridos por la obra reformista” de Batlle y Ordoñez. ¿LES SUENA ESTO?

Temían al reformismo batllista las denominadas entonces “clases más respetables locales y las compañías extranjeras asustadas por el cariz que tomaba la ‘cuestión obrera’ y el ‘ataque’ a la propiedad privada.

En aquel año, el diario del Partido Nacional “La Democracia” hizo un llamado a esos “gremios y círculos (…) afectados”. (Por estos días leo en los editoriales del diario El País similares llamados.)

En la columna anterior –la semana pasada- dije que las clases altas habían optado por expresarse en los tres partidos existentes a principios del siglo XX y no formar un partido. Algo que está ocurriendo en Uruguay por estos meses, sobre todo a partir del surgimiento de Un Solo Uruguayo. En su seno se debatió si era conveniente formar un partido y luego definieron estar presentes en todos los que se pudiera.

En 1913, el Partido Nacional los representaba junto a una parte del coloradismo y de la Unión Cívica.

En aquel Partido Nacional existían dos tendencias claras, nítidas, hasta irreconciliables. La “radical” que creía necesaria la guerra civil para desplazar a los colorados, y el ala contraria, los “evolucionistas”, segmento integrado por conservadores que pretendían, junto a Batlle, ingresar en una fase de seguidillas electorales y no habilitar la montonera.

Era “evolucionistas” porque estaban en contra de la revolución –expresada por el saravismo y por los anarquistas- y del reformismo batllista.

En 1913 los “evolucionistas” triunfaron. Desde el diario “La Democracia” saludaba la “fuerza de resistencia” y cuestionaba los avances sociales y el triunfo del socialismo en Buenos Aires.

Eran “evolucionistas”, definidos así para distinguirse de los “revolucionarios” y los “reformistas”.

Escuchemos este jingle:

Este jingle presenta la propuesta “Un gobierno para evolucionar”.

Los blancos en clave conservadora vuelven sobre aquella definición de 1913, los “evolucionistas”. Nada de cambios, nada de revoluciones ni reformas. Está en su ADN dominante.

Para concluir esta primera parte dedicada a los “evolucionistas”, permítaseme mencionar el otro gen de los blancos, el de las montoneras.

Con ese clima de “yo me voy con Aparicio”, va el homenaje de Jorge Luis Borges a Ernesto Talvi.

Arredondo recuerda a Talvi

Resulta que en Borges escribió un cuento llamado “Avelino Arredondo”. Un maravilloso cuento en donde con magistral pluma, Borges narra los días previos al asesinato del presidente Idiarte Borda, ocurrido en 1897, justamente en los días que los Saravias andaban soliviantando a la pionada.

El corto cuento narra los días previos al asesinato, los preparativos de Avelino, su distancia con su novia y todo lo relacionado con los días los preparativos para el crimen.

Ahora resulta que Avelino era colorado, igual que el presidente que asesinó.

Foto: Avelino Arredondo

El defensor de Arredondo fue el Dr. Luis Melián Lafinur. Adviértase la caratula: Causa Política. En la segunda línea aparece “acusado de homicidio”.

La bala disparada casi a quemarropa por el joven de veinte años impactó en el pecho del mandatario y aquella tarde de agosto de 1897 se consumó el primer asesinato de un presidente uruguayo.

En las semanas previas un ascendente dirigente, también colorado, José Batlle y Ordóñez, en una nota editorial publicada en su diario “El Día” había exhortado a “eliminar” al presidente. Idiarte Borda era un ferviente católico, Batlle no.

Arredondo confesó haber matado a Idiarte Borda, fue preso y salió en libertad pocos años después.

El matador fue Avelino Arredondo, nacido en Soriano, empleado de un comercio de la calle Buenos Aires, estudiante de Derecho a veces, solitario y callado, admirador de Pepe Batlle. Justamente, Batlle y Ordoñez visitó al homicida en la cárcel que lo alojó por poco tiempo y se fotografió con él mientras lo saludaba con cierta cordialidad.

El abogado defensor de Arredondo era Luis Melián Lafinur, tío del escritor argentino Jorge Luis Borges, quien lo nombra en su cuento Funes, el memorioso y en el poema El puñal.

¿Cuál es la vinculación de Borges y su cuento “Avelino Arredondo” con el candidato colorado Ernesto Talvi, que anda peleado con los funcionarios públicos?

Cuando Arredondo salió de la cárcel el gobierno colorado de la época lo premió. ¿Saben con qué? Con un empleo público.

Materiales consultados

La reacción imperial-conservadora 1911-1913 (José Pedro Barrán).

Historia del Partido Nacional (José Monegal).

El libro de la arena, en donde se encuentra el cuento “Avelino Arredondo”. (Jorge Luis Borges).

Ana Amalia (Hugo Ultra)

Linng Cardozo

2 de octubre de 2019