El elefante y la perspectiva de la victoria

Voy a trazar un marco pintado solo con anécdotas de un período muy especial para el Uruguay: desde el 2001 al 2004. En ese lapso se registró una verdadera migración de votos blancos y colorados hacia la izquierda.

Pero no fueron solamente ciudadanos de a pie; eso fue una expresión de un movimiento mayor que incluyó a referentes de cámaras empresariales y colectivos, por ejemplo, como el Comité Israelita del Uruguay.

También ese fenómeno de corrimiento se registró al interior de las empresas públicas y los ministerios y otras entidades estatales.
Era posible escuchar a personas o jerarcas que habían sido blancos o colorados, que decían: “yo siempre fui frenteamplista”.

¿Qué estaba pasando? Estaba ocurriendo un intangible muy relevante: la perspectiva de poder construye poder. La perspectiva de victoria construye poder. Sencillo.

Voy a explicarme mejor. Cuando las fuerzas guerrilleras comandadas por Fidel Castro entraron en La Habana había de todo. Se sumaron a los guerrilleros los policías y soldados que habían estado con Batista hasta ese momento. Para salvarse o acomodarse. La perspectiva de poder construía poder y arrastraba, como una OLA. (Guarden esta palabra porque servirá para más adelante).

Las demostraciones de fuerza construyen poder. Es una ola. Es un tema comunicacional.

Vean ustedes que durante la crisis del 2001-2002 el Frente Amplio tejió una red de relaciones con diversos sectores de la actividad y algunas cámaras designaron interlocutores de izquierda para relacionarse con la izquierda.

Ya en el gobierno, el Frente Amplio pudo conectar con mayor facilidad con esos sectores y construir confianza. En la elección posterior, 2009, en ancas de un fuerte crecimiento económico y reglas claras, siguió la dinámica de poder instalada. Mujica le ganó a Lacalle padre. Recuerden que Mujica dijo: si te tengo que abrazar con una culebra, me abrazo.

En las elecciones de 2014, había una cierta tonalidad de cambio y el Partido Nacional –con el juvenil impulso de Luis Lacalle Pou- parecía haber creado un clima de recambio de partidos en el gobierno.

Lacalle confesó hace poco que se creía presidente. Dijo que la sociedad no estaba preparada para el cambio. En verdad, Lacalle no había podido instalar la perspectiva de poder y perdió las elecciones ante Tabaré Vázquez.

El desgaste de las granadas

Instalado el gobierno de Vázquez comienzan a estallar varias granadas que lo van erosionando junto al Frente Amplio. Enumero los episodios que a mi juicio esmerilaron la confianza de algunos sectores de la sociedad, en particular con algunos segmentos de la clase media: Sendic, Ancap, Maduro, Asse. Esos elementos desgastaron un día sí y otro también.

Pero me detengo en un dato a mi juicio relevante: en 2016, en pleno lio de Ancap y Sendic, una encuesta de Equipos decía que un 30% de la población seguía apoyando a Ancap y Sendic. Era un 30% mayoritariamente del Frente Amplio.

De manera que puedo afirmar que ese es un piso inconmovible; los fedayines del Frente Amplio. Y estoy hablando del 2016.
Ese clima crítico fue construyendo un clima de cambio. La diversa oposición se fue inflando. En el 2018 se sumo a la estrategia del desgaste el movimiento de ciertos sectores del agro agrupados en Un Solo Uruguay.

Este año entró en escena Julio María Sanguinetti y se reunió con Lacalle y Mieres para tejer la alianza opositora.
Este año el Frente Amplio dormía en sus propios problemas, sin capacidad de reacción, sin agenda y no ocupó la centralidad comunicacional en forma positiva en momento alguno.

Pero algo pasó.

Aquel 30% era el piso. La pertenencia al Frente Amplio es muy fuerte. Un corazón impenetrable.
Recuerden aquel estudio que difundí acá, de Martin Operti, que decía que la pertenencia política definía las percepciones sobre la economía.

Recuerden el otro estudio sobre el peso familiar en la construcción del voto, elaborado por el psicólogo Fernando Alonso.
Pese a todo, se palpaba inconformismo, molestias, enojos, desencanto.

Este año, a caballo de las elecciones internas, el Frente Amplio comenzó a moverse. Comenzó a insinuarse la épica y la mística. Comunicacionalmente, comenzaron a operar algunos vasos comunicantes. Todo eso en el marco de una transición –aparentemente ordenada- de sustitución de los viejos liderazgos por otros; otras generaciones entre 35 y 60 años.

Me detengo un instante: hay generaciones de 45 años por ejemplo, que llevan 15 años en la Administración Pública y hoy son verdaderos cuadros formados en la gestión del Estado. Tienen lo que yo llamo “Tecnología de Estado”. Una cuestión trascendente que el Partido Nacional no posee.

En el último mes, la oposición no parece encontrar el rumbo, los blancos están un tanto desconcertados, sobre todo con el surgimiento de Manini Rios que le come mayoritariamente la “pionada” a blancos y colorados.

La semana pasada Canzani dijo acá varias cosas y voy a subrayar cuatro elementos:

  1. Hay “electorados que son menos fieles a las identidades partidarias” y con ello “más volátiles”.
  2. “Empieza a visualizarse entre agosto y setiembre (…) cierto crecimiento del FA (…) un PN que cae y (luego) recupera un poco de lo que tenía (…) comienza a darse una caída del PC y un crecimiento continuado de CA, con una pérdida de peso muy importante de los partidos pequeños”. Desde ese escenario “llegamos más o menos hasta el día de hoy”, cuando “el FA crece menos (…) el PN parece recuperar un poquito (…) el PC tiende a caer (…) CA crece”, describió.
  3. El Partido Nacional “(…) tuvo una fuerte caída (…) después de que Lacalle Pou ganara la interna”, un registro “muy llamativo” que sugiere “debilidades en la imagen de Lacalle Pou”, quien “no es un candidato que genere gran entusiasmo”. Respecto de “la elección anterior” el “PN cayó”, luego “recuperó algún puntito” y después “dejó de caer” en adhesión.
  4. En lo particular, “el FA empezó a acercar a gente que estaba en su periferia en cuanto a su intención de voto”, pero mantiene el “desafío de terminar de consolidar eso y crecer hacia sectores del electorado no tan cercanos o no tan evidentes”, para lo cual debe “establecer una suerte de operación retorno” orientada a “personas que pueden haberlo votado” antes pero “no son necesariamente frenteamplistas”.

Coincido plenamente con esto. Agrego.
En el último mes, el miedo a que gane Lacalle, hizo que muchos frenteamplistas enojados, desencantados, volvieran a ponerse la bandera al hombro. Cada uno en su casa debe tener ejemplos de esto que estoy contando.

Nada científico: hice una encuesta entre algunos contactos que tengo en el celular y le dio eso. “Me trago las malas cosas, pero a estos no los dejo ganar”, dijo una dama que consulté.

Gonzalo Frasca es un programador informático, emprendedor de estrategias educativas. Ha sido durante estos últimos cinco años un crítico feroz del Frente Amplio y del gobierno. Es hijo de frenteamplistas y es un dato no menor. El día del debate entre Martínez y Lacalle Pou, Frasca escribió lo siguiente en twitter. “Si bien Martínez parece hablar a los convencidos, en las próximas semanas y más en la segunda vuelta, varios desencantados del FA, aunque no lo digan públicamente, decidirán votarlo, y más con el crecimiento de Manini”. ¿Estaba hablando de él o de otras personas? ¿Interpretaba o no a esas personas?

Pero lo más importante, a mi juicio, es que en el último mes el Frente Amplio construyó nuevamente la perspectiva de poder y, como ya dije, cuando tú la construyes, construís poder.

La perspectiva de la victoria sumada a la perspectiva de poder, crea un nuevo horizonte.

Agustín Canzani ha dicho, con acierto, el Frente Amplio es como un elefante: es lento en sus movimientos pero cuando se mueve arrasa.

El Partido Nacional hace esfuerzos para construir el clima de victoria y, a mi juicio, está lejos de construirla desde la movilización y la comunicación.

Escuchemos su jingle en el marco de ese esfuerzo.

“Se puede sentir, se viene, ya está más cerca”, cantan.
La campaña dice LO QUE NOS UNE y lo refuerzan con el ES AHORA, que es como decir ES AHORA O NUNCA.

Ahora escuchemos el jingle del Frente Amplio.

Este contiene varios aciertos: es cantable, construye esperanza, tiene un componente de autocrítica –“Vamos a hacerlo mejor”, quiere decir que algo no se hizo bien- y tiene un elemento central: entusiasma.

Dice una voz parecida a Seregni. “hoy es más que nunca”. Se dan cuenta que aparece mencionada la palabra NUNCA que en el jingle de Lacalle no aparece. En ambos casos, se quiere construir una épica. “Nunca” es una palabra de combate. “Nunca mas dictadura”, por ejemplo. Es una palabra de epopeya. Ahí está la perspectiva de victoria.

Dejenme contarle algunas anécdotas al final de esta columna. Algunos empresarios están observando que un gobierno de Lacalle sería un caos, sobre todo porque hacen cuentas. “Si Lacalle lograr ser presidente con el 27% de votos, es imposible que ordene un gobierno. No aguanta las presiones de los socios y de los sectores de la sociedad”, me dijo un empresario.

Otro: “creo que yo haría más plata con Lacalle, pero con estos gano lo que gano y estoy tranquilo. Los conozco”.

Finalmente la frutilla de la torta: hace una semana en el semanario Búsqueda, Julio César Lestido, presidente de la Cámara de Comercio, contó de los cambios en la cámara. Y en un recuadro grande dice de lo que ha aprendido con el sindicato Fuecys y con el ministerio de Trabajo. Nada tiene que ver con el discurso de Un Solo Uruguay, Lacalle y Talvi, que dicen que los sindicatos gobiernan.

¿No será que a Lestido también le llegó el perfume de la victoria del Frente Amplio?

Materiales consultados
El poder de la conversación. Dos tomos. (Manuel Mora y Araújo).
Psicología del voto. (Psic. Fernando Alonso).

Linng Cardozo
9 de octubre de 2019