Bonomi: La tendencia es a la baja de los delitos contra la propiedad, crecen los más violentos

Entrevistado en InterCambio el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, habló sobre las cifras de delitos informadas este lunes 25 de marzo en rueda de prensa, repasó diversos aspectos referidos al delito y a la acción del Estado al respecto, y confirmó que “no se llega” a la meta de reducir las rapiñas un 30% al final del periodo de gobierno.

Las autoridades del Ministerio del Interior presentaron en la víspera las cifras que resumen el registro de delitos correspondiente a 2018. “No querríamos dar estos datos” porque expresan que “en 2018 aumentaron los delitos” en lugar del descenso buscado por el gobierno, admitió Bonomi.

Precisó que el procesar los datos “había una duda respecto de los homicidios” al no incluir a los heridos que mueren después. “Son 414 homicidios” cuando “en 2017 no llegaban a los 390”, por lo que “hubo un aumento importante”.

El ministro lamentó el hecho de que “la gran discusión con la oposición” en materia de delitos se dé sobre el supuesto de que “uno no puede salir a comprar un litro de leche” porque será rapiñado o violentado en cada cuadra y esquina. En esa dirección analizó el uso político y partidario de los diferentes tipos de muertes y delitos contra la propiedad.

Confirmó que durante 2018 los asesinatos por ´ajuste de cuentas´ “son el 60%” del total de homicidios, “más de 240”, y luego reseñó “toda una serie de medidas” de contención y represión del delito aplicadas durante los últimos años, empezando por la creación y despliegue “del PADO”.

Sin embargo, más allá de estas cifras y relaciones, durante los últimos meses “está bajando la curva de crecimiento de rapiñas”, evolución que será probablemente registrada en la próxima serie estadística. “La tendencia es a la baja de los delitos contra la propiedad”, mientras que “crecen los delitos más violentos”, explicó el secretario de Estado.

A diferencia de lo que sucede en muchos otros países, entre ellos varios de la región, “acá crece la violencia para robar un celular” o “el celular y una billetera” pero no para apropiarse de bienes de mayor valor. “Eso es delito asociado al consumo” problemático de sustancias y drogas duras, describió.

Bonomi señaló que en la sociedad uruguaya cada vez más personas se vuelcan al delito, por lo que el trabajo policial local, de probada eficiencia, no puede contener todos los efectos y consecuencias de ese vuelco social.

Apuntó que hay países (en Europa) en los que el Estado suministra las drogas duras a los adictos a través de los sistemas de salud, porque caracterizan a esta problemática como un asunto sanitario y no policial. En este sentido puntualizó que “las políticas sociales las tiene que llevar adelante el gobierno” y reconoció que en estas políticas públicas “nos están costando los núcleos duros”, y además no solamente “los territoriales”.

Hay tipos de delitos como “el secuestro” que están cada vez más extendidos en la región y que también se ha intentado instalar en Uruguay, pero esto no ha ocurrido en virtud de la eficiente acción policial. Luego mencionó el plan en marcha para fortalecer a la Guardia Republicana y a la Policía Comunitaria con el ingreso de más de 2.500 nuevos efectivos.

“Pensar que lo que nos pasa, nos pasa solo a nosotros y no al resto, es lo peor que nos puede suceder”, reflexionó el entrevistado sobre los fenómenos sociales y culturales de crecimiento del delito y la violencia.

Otro delito al que “trajeron de afuera” como el robo de dinero a los cajeros automáticos mediante la explosión de estos, introducido en nuestro país por algunos delincuentes “chilenos”, sí llegó a extenderse y generalizarse en un primer momento. Pero después los billetes fueron “entintados y disminuyó” considerablemente, lo que habla otra vez de una eficaz respuesta estatal.

Después el ministro desestimó de plano la acusación opositora según la cual los policías no tienen apoyo ni respaldo institucional a su acción operativa cotidiana sobre el terreno. “Esa es otra leyenda urbana”, apuntó, destacando que el uso de cámaras “en la ropa” de los agentes “tiene un efecto” simultáneo “contra los abusos policiales” y contra eventuales acusaciones falsas contra policías.

Más adelante en la nota explicó que la incorporación de “armas no letales” al equipamiento policial tiene el propósito de que sean empleadas en acciones disuasivas vinculadas a la utilización, por bandas delictivas, de gente más vulnerable como “mujeres y niños” para hostigar y provocar a los policías que actúan en operativos contra esas mismas bandas.

“Enfrentarse siempre (con armas letales) es la forma de provocar víctimas civiles”, razón de más para que los policías sean entrenados con el criterio de evitar enfrentamientos armados a no ser que esto sea indispensable.

Respecto de la meta oficial de reducir las rapiñas un 30% al final del quinquenio constitucional, Bonomi admitió que “llegar, no se llega”.