Andrade: no alcanza con gestionar bien, la lucha es por la conciencia social; no hay proceso de cambio sin protagonismo popular

Entrevistado en InterCambio el dirigente del Sunca y ex precandidato presidencial del Frente Amplio (FA), Óscar Andrade, expuso su visión de la coalición-movimiento hacia las elecciones nacionales, señaló tareas y desafíos relacionados a este objetivo y analizó el escenario político e ideológico en el que debe moverse la izquierda en los años que corren.

Andrade caracterizó que en el FA “vamos a la campaña más difícil, más compleja. Remar esta batalla electoral en esta condición regional es de una enorme dificultad, es posible el triunfo pero para ser posible (…) la izquierda necesita ser otra izquierda”. Esto significa que “precisamos salir de este proceso electoral con una izquierda mucho más fortalecida, unida, pegada a los movimiento sociales, con su Programa marcando la cancha. No alcanza con operaciones de marketing de los últimos 15 o 20 días” sino que “llegó el momento de empezar a enraizar ese Programa con las organizaciones del campo popular”, con las que “claramente hay temas en los que somos aliados”.

Luego, el referente de los trabajadores de la construcción habló de la historia de las relaciones entre la izquierda política y los movimientos sociales, relaciones complejas no solo en nuestro país sino en todos lados y que a su vez son siempre atacadas sistemáticamente por la derecha. “La tendencia a satanizar a los movimientos sociales es más vieja que el agujero del mate”, graficó.

Planteó en términos autocríticos que las muchas “transformaciones profundas” realizadas por el FA desde el gobierno nacional no hayan sido ni estén siendo objeto de generación, desde la fuerza política, de “la síntesis política” indispensable para capitalizar y acumular más respaldo social, en lugar de menos, como viene pasando.

“El problema que ha tenido la izquierda en general es profundamente político, no alcanza con gestionar bien, o gestionar con otra sensibilidad: la lucha es por la conciencia social, no hay proceso de cambio sin protagonismo popular, esto es el ABC pero el ABC estuvo medio olvidado por la izquierda”, reflexionó.

En oposición a la derecha, que ve en los derechos sociales solo un costo económico y a ser minimizado, “la izquierda ve en los derechos la condición para el desarrollo” y esto es “un debate político” tanto como “social”. “Y a esos debates no se los sustituye con los resultados de gestión, es un debate más profundo” que sin embargo “la izquierda, medio anestesiada”, no dio mientras “transitó durante años” de gobierno en que “su musculatura se iba debilitando (…) porque nos daban bien los números y (…) las encuestas”.

Fue así que durante una década y media “Uruguay estaba creciendo y la herramienta de los cambios, la fuerza política organizada, se iba debilitando, movilizada cada vez menos, sobre todo debilitada de los jóvenes, y en determinado momento hasta entró a aparecer la idea de que podíamos seguir transformando la realidad sin la organización política, que no era tan importante la organización política (…) y en algunos casos (…) hay hasta la tendencia a que parece que la organización nos molestara, que alcanza con los cuadros de gestión y la excelencia.

Y no, la organización es imprescindible”, como queda demostrado cuando algún “Intendente” departamental “se adjudica” determinada obra pública realizada por el gobierno nacional. Esto sucede “si tenés una izquierda debilitada, que no explica, sin capacidad de movilización”, razonó.

De ahí que, precisamente, “parte de lo que tenemos que resolver” desde ahora es que “precisamos otra izquierda, en movimiento”, sin perder de vista otra vez que “la tarea de construcción de gobierno” debe “necesariamente pensarse en la gestión de la cosa pública pero también en la lucha social y política, sobre todo en un momento como éste, complejo por las correlaciones de fuerzas en América Latina”.

Después analizó elementos ligados “al nivel de fragmentación de la izquierda”, que es “parte de los problemas que tenemos, no es el único”. “Esta batalla tan importante (hacia octubre) no la podemos dar desde 60 kioscos”, y por varias razones “el Frente necesita señales de unidad”. En definitiva, a las elecciones “la izquierda tiene que ir desfragmentada”, generando “espacios” de convocatoria grandes y unificadores.

En términos de electorado, la elección se gana “en varios lugares” y para ello es relevante ampliar la base social de apoyo a las transformaciones que genera la izquierda desde el gobierno. En esa dirección “vamos a tener que profundizar en las medidas” para que el ajuste derivado de la caída de la actividad económica “no se descargue (…) sobre los sectores populares”. Pronosticó que “vamos a un proceso más tenso, no por ocurrencia nuestra, no porque hay un grupo de iluminados que piensa” en eso como objetivo “sino por las cuestiones lógicas de la economía en este escenario”.

“Entonces, y acá a veces nos falta debate de un poco más de profundidad, si la estrategia es que estás parando a la izquierda en esta circunstancia, la pregunta es: ¿se puede ampliar? Sí, se puede ampliar profundizando” y “profundizando en este escenario implica defender mucho más que la mitad de la población, implica defender la pequeña y mediana producción” junto al pequeño y mediano comercio, “la academia” y la juventud. Señaló en este sentido que hay “250.000 jóvenes que votan por primera vez” en octubre, más otros “250.000 que votan por segunda vez” y muchos de todos ellos “tienen críticas” muy legítimas que desde el FA deben ser escuchadas, respondidas y canalizadas.

A partir de ese análisis, el entrevistado siguió desarrollando las limitaciones del FA para aquilatar y responder muchas de esas críticas, como la que plantea: “¿no están siendo muy tibios respecto a modificaciones que vayan más allá de los salarios altos?”, por ejemplo gravar la concentración de riqueza a través del “Impuesto al Patrimonio”, que pagan solo “50.000 personas” y que “exonera lo mismo que recauda”. “¿Que pague más el que tiene más es solamente los salarios altos o es la riqueza acumulada?”, interrogó retóricamente sobre el punto.

“Reformularse algunas de estas preguntas ayuda a construir identidad” y esto “no” pasa por “simplificar procesos complejos” sino por mantener “la línea roja” de rechazo a descargar el peso “del ajuste sobre los sectores populares”. “También se gana la elección si somos capaces de reconectar” con éstos y no solo con “los sectores medios”, por eso “hay un montón de batallas políticas para dar” en la amplitud de la sociedad. “No es que al FA le falte más centro”.

Después Andrade habló de esta época de “regresión” política e ideológica, marcada por un “momento de auge de la derecha en Sudamérica”, proceso que también se expresa previsiblemente en un retorno del anticomunismo. “El anticomunismo demora muy poco en transformarse en antitodo” ya que cuando gana mucho espacio, “después ´todos son comunistas´”, recordó. Lo ejemplificó con el hecho en curso de que “en pocas semanas han presentado a Graciela Villar como Bin Laden”, como una “talibán”.

Reivindicó el “largo aporte” de los comunistas “a la cultura política” y “social” del país y a la cultura nacional en general. Evaluó como previsible que en este momento haya actores políticos interesados, “en campaña electoral, en levantar algún trapo viejo” a modo de fantasma, siendo que “algunos de los planteos son típicos de la era de la ´guerra fría´”. Advirtió que “en general el recurso del miedo, que paraliza, es peligroso” porque “legitima a sectores de la reacción que tienen una historia en los momentos más tristes del país”, alertó.

A continuación, el dirigente frenteamplista del PCU se refirió a la reforma constitucional propuesta por el senador blanco Jorge Larrañaga y planteó un elemento autocrítico referido a la carencia de la izquierda para analizar “el problema de la violencia en la sociedad”. “Tenemos problemas con respecto a la violencia en la sociedad”, remarcó, mencionando varios ejemplos como las “40.000 denuncias de violencia doméstica el año pasado” y desarrollando otros, como los vinculados a los jóvenes y personas que nacen y crecen en la pobreza y la indigencia.

Además, “estamos muy lejos de que las cárceles sean lo que tienen que ser, muy lejos”, lamentó. “Parte de la violencia es que se nos maten dos gurises por día” suicidándose, reflexionó Andrade, indicando luego que “la izquierda tiene que volver a recuperar una mirada global” sobre los hechos y procesos, y que además trascienda la necesaria acción del Estado. “Hay una centralidad en la política pública, pero también hay una centralidad en la sociedad”, recordó.