A 50 años de la reforma agraria que transformó al Perú

«Vivimos el neolatifundismo, la tierra es comprada por grupos económicos y de hecho ahora hay terrenos mucho más grandes que previo a la reforma agraria», dijo a Sputnik Diego Benavente, director y guionista de ‘La revolución y la tierra’, documental que narra la transformación impulsada por la presidencia del general Juan Velasco Alvarado en Perú.

Velasco llegó al poder mediante un golpe de Estado el 3 de octubre de 1968. En principio era un golpe más en un país acostumbrado a cambios periódicos de Gobierno mediante este mecanismo. Pero en perspectiva histórica, la suya fue una gestión progresista. Se denominó Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas del Perú y duró hasta 1980.

Antes de que Velasco asumiera, solo 18% de los peruanos y peruanas estaba incluido en el padrón electoral. Por fuera quedaban, por ejemplo, los indígenas. Si bien el mandatario murió en 1977, el proceso prosiguió hasta 1980, un año después de haber decretado la universalización del voto.

Su Gobierno comenzó antes de los golpes promovidos por EEUU en Latinoamérica en el marco de la Guerra Fría en los años setenta, como el golpe contra Salvador Allende que llegó al poder en noviembre de 1970 y fue derrocado en septiembre de 1973.

En 1971 Allende visitó al Perú de Velasco para estrechar relaciones y firmar una declaración conjunta. Ambos tenían un fuerte vínculo con la Cuba de Fidel Castro. En diciembre de ese año el líder cubano llegó a Lima tras pasar un mes en Chile. Los tres eran considerados referentes por las izquierdas regionales.

Con este proceso de fondo, Velasco puso como símbolo de resistencia y de defensa de lo peruano al caudillo Inca Tupac Amaru, líder de la mayor rebelión anticolonial que se dio en Hispanoamérica durante el siglo XVIII. Con esa imagen como emblema impuso una reforma agraria única en su especie.

Tupac Amaru y el ADN peruano
«Fue bien peculiar porque se pueden interpretar como de izquierda todas las iniciativas que tomaron a diferencia de las dictaduras de derecha. En esta no hubo desaparecidos ni ningún tipo de violencia que uno puede asociar a otra dictadura como en Argentina, Brasil o Chile», afirmó Benavente.

El director de Tierra y Libertad (https://www.youtube.com/watch?v=argC1LULJRQ) destacó que la autodenominada Revolución Peruana puso en marcha diversas reformas que apuntaron a dignificar la vida de los nacionales, muchos de los cuales permanecían en condiciones de semiesclavitud.

«Hubo reformas educativa, de la propiedad, sociales y la más significativa fue la agraria, porque fue una reforma de redistribución de tierra pero también laboral, porque a partir de ese momento la gente ya no trabaja gratuitamente», agregó.

«Desde la invasión española la tierra pasó a tener un significado económico», apuntó el investigador. Con la Independencia, «mucha gente de ascendencia criolla podía empezar a inscribir tierras» y quienes las habían habitado desde siempre «para poder seguir viviendo allí debían trabajar gratis; eso se llamó servidumbre», resaltó Benavente.

«Esto se termina con la reforma agraria, nadie trabaja gratis en el Perú después de eso», concluyó.

Este proceso transformador fue sostenido por el posicionamiento de héroes propios, y allí es cuando surge la imagen del caudillo Inca como símbolo del Perú.

«A partir de esa nueva figura empieza a aceptarse una nueva narrativa de país, no derrotado sino en lucha. Aparece Tupac Amaru en los billetes, donde antes había símbolos como la justicia, igualdad, ahora hay un rostro específico. Se construye toda una iconografía de lo peruano», explicó el entrevistado.

El tiempo pasa
En los años sucesivos al Gobierno de Velasco Alvarado, pero incluso en su etapa final cuando toman el mando oficiales de orientación menos izquierdista, la reforma agraria comenzó a ser desarticulada. Era mucho lo que estaba en juego económicamente por los intereses que se habían afectado.

En el presente poco queda de ese aspecto del proceso. «Vivimos en el neolatifundismo, la tierra es comprada por grupos económicos, y de hecho hay terrenos mucho más grandes a los que había previo a la reforma agraria».

Una de las haciendas más representativas de aquel Perú que Velasco procuró combatir tenía 200.000 hectáreas y se llamaba Silque.

La revolución y la tierra se convirtió durante las primeras semanas de exhibición en el documental más concurrido en toda la historia del cine peruano. Al 18 de noviembre ya lo habían visto más de 80.500 personas.

Benavente considera que se debe en parte al complejo momento actual del país, lo cual hace que la sociedad esté muy politizada y estos temas también forman parte de la agenda.