A 42 años del tormento y asesinato de Julio Castro, recordamos al lúcido pedagogo de la transformación y al valiente militante contra la dictadura

Como cada 1° de agosto, este jueves conmemoramos en nuestro país el Día del Docente Detenido Desaparecido, ejercicio de memoria de lucha social y política simbolizada así en la figura del Maestro Julio Castro, secuestrado en la esquina montevideana de Rivera y Llambí el 1° de agosto de 1977, dos días antes de que fuera asesinado con un balazo en la cabeza tras haber sido atormentado en el centro clandestino de detención y tortura ´La Casona´, a cargo del Servicio de Información de Defensa (SID).

InterCambio se sumó a la recordación de la fecha y al homenaje de los Educadores y gremios de la Educación a quien fuera un preclaro pedagogo, querido por varias generaciones de alumnos y agudo analista de la sociedad y la política con mayúscula desde las páginas del semanario Marcha, del que fue cofundador junto al legendario político y periodista Carlos Quijano.

Para eso, hoy nuestro programa dedicó su espacio central a una cobertura especial de rememoración del valor y la vigencia del pensamiento y la acción de Julio Castro, para quien la Educación consistía fundamentalmente en construir sociedad a cada paso y en forma colectiva.

Un 1° de agosto hace 42 años detuvieron a Julio Castro, una personalidad polifacética, que sobresalió en su profesión de Maestro, como Director de Escuela, Subinspector de Enseñanza Primaria, Inspector Departamental de Primaria y Profesor de Filosofía en los Institutos Normales.

También realizó una carrera destacada como periodista y escritor, realizando publicaciones con importantes aportes en el área de la Pedagogía y con un destacado trabajo en el semanario Marcha.

Ariel Castro, nieto de Julio y Decano de la Facultad de Agronomía

En diálogo con InterCambio, su nieto Ariel contó que algún tiempo antes de su detención, tormento y asesinato, Julio “había tenido un derrame” cerebral, “algún problema de salud” por cuya causa, “si salía” o cambiaba “de rutina se comunicaba” con su familia para avisar. Aquel día “había ido a visitar a unos amigos” pero al no retornar ni comunicarse algunas horas después, “ya de tarde, era claro que se había perdido contacto”.

“Él tenía una militancia política importante” y entre las tareas y actividades que hacía en aquellos años de represión y silencio, “sacaba información de lo que estaba pasando” en Uruguay hacia “afuera del país”. Ariel evocó que “con Quijano” y otros frenteamplistas no sectorizados “habían sacado una lista de independientes del Frente” para las elecciones nacionales de 1971.

Sobre el secuestro de Julio Castro, su nieto apuntó que “nosotros leímos el expediente” judicial “de Gavazzo” y “es claro” que este represor “fue quien comandó” el operativo. Ariel también recordó otra dimensión de la condición militante de su abuelo que lo tornaba en un enemigo para la dictadura: su capacidad de explicar con pedagógica sencillez y claridad la compleja situación del país a obreros y trabajadores.

Castro fue parte de la fundación del semanario Marcha en 1939, y en ese mismo año obtuvo el primer premio anual de Pedagogía por el trabajo ´El analfabetismo´. En 1941 ganó por concurso la cátedra de Filosofía de la Educación en el Instituto Normal de Montevideo.

En 1944 publicó ´El Banco Fijo y la Mesa Colectiva. Vieja y Nueva Educación´ y ´La escuela rural en el Uruguay´. Además, en 1945 integró la primera misión sociopedagógica y participó de la fundación de la Federación Uruguaya de Magisterio, entre otras tantas actividades en el área de la Educación.

Arredondo: Julio Castro era el profesor elegido por los estudiantes

Para aproximarnos desde InterCambio a la dimensión pedagógica de la acción social y política del recordado Maestro, conversamos con Julio Arredondo, integrante del colectivo docente ´Educadores para la Paz´. El entrevistado destacó que “en las misiones sociopedagógicas” por el interior del territorio nacional, “Julio Castro era el profesor elegido por los estudiantes para que los acompañara”.

Las misiones “consistían básicamente en trasladarse, en vacaciones, a los llamados ´pueblos de ratas´”, los caseríos que el proceso de ´modernización´ del Uruguay de fines del siglo 19 y principios del 20 había producido como bolsones de pobreza rural, al margen del desarrollo y la prosperidad incipientes. “Proveían mano de obra barata (…) en época zafral (…) a los estancieros”, resumió Arredondo aquellos núcleos de olvido social respecto de los cuales “Julio decía: ´rodeados de vacas y con hambre, rodeados de ovejas y con frío´…”.

Luego, Arredondo reflexionó en torno a “la dimensión política de los fenómenos educativos” desarrollada por Castro como teoría y acción sobre el terreno, praxis que “no era usual en la época” (ya desde la década del ´30). En aquel entonces, el avanzado pedagogo abordó “el analfabetismo” en cuanto nudo social y político que obturaba el desarrollo integral del país, nudo que hoy día tiene su fenómeno equivalente en “el abandono” del sistema educativo por miles de adolescentes y jóvenes.

Julio Castro fue “un luchador desde siempre, un hombre generoso que Uruguay debe reivindicar y reconocer”, y lo debe hacer “también rescatando su obra” pedagógica, sintetizó Arredondo.

El Maestro salía de la casa de Efraín Quesada, su amigo, y probablemente se dirigía a la de Óscar Lebel. Los tres formaban parte de un grupo que colaboraba para que perseguidos políticos uruguayos pudieran ingresar a la embajada de México en Montevideo, y así lograr asilo para irse del país. Dos personas lo detuvieron en esa esquina (de avenida Rivera con Francisco Llambí) a media mañana del 1° de agosto de 1977.

El operativo era dirigido por el oficial Juan Ricardo Zabala, quien lo trasladó a ´La Casona´, un centro clandestino de detención del SID que estaba ubicado en Millán y Loreto Gomensoro, donde fue torturado hasta su asesinato, perpetrado el 3 de agosto. Sus restos fueron hallados en 2011 en el Batallón de Paracaidistas Nº 14 de Toledo, Canelones, e identificados ese mismo año.

Juan Ricardo Zabala, entonces integrante del SID, fue absuelto en 2015 por la Suprema Corte de Justicia (SCJ); pese a que el propio Zabala reconoció haber detenido y trasladado a Castro, la SCJ consideró que no había pruebas suficientes para procesarlo como autor de su homicidio.

Mirtha Guianze: Gavazzo “indiscutiblemente era el jefe” del operativo en el que fue detenido Julio Castro

Entrevistada al respecto en InterCambio la ex fiscal Mirtha Guianze, quien como tal trabajó en la investigación judicial de la desaparición de Castro, destacó el hecho de que en este tipo de crímenes “las víctimas” y “los familiares” de éstas “siempre aportan” la información más relevante que permite avanzar en las investigaciones.

Guianze puntualizó que el Maestro “fue detenido” por “quien lo llevó en su camioneta Indio” hasta ´La Casona´ del SID, es decir “Zavala, y quien estaba a cargo del procedimiento fue Gavazzo”. Añadió que “era clarísimo” que toda la información relevada “daba para el procesamiento, pero son distintos criterios” los aplicados por la SCJ. “Indiscutiblemente él era el jefe” del operativo, recalcó Guianze refiriéndose a “Gavazzo”.

Recordó a continuación que “al final” de la investigación, “vino Flavio Tavares” desde Brasil a declarar a Montevideo. El testimonio de este periodista brasileño, también secuestrado y torturado en ´La Casona´ en las mismas horas que el Maestro, resultó “determinante” para confirmar el trágico destino de Castro “porque fue quien lo había visto en ´La Casona´”.