8M: El cuerpo de las mujeres ha sido territorio histórico de la política patriarcal

Para acompañar la conmemoración este viernes 8 de Marzo del Día Internacional de la Mujer, InterCambio realizó una mesa redonda al aire con cuatro activistas mujeres de diferentes organizaciones feministas.

Las cuatro invitadas fueron Fernanda Cousillas, del Colectivo Maestras Feministas; Valeria Grabino, de Desmadre Colectivo de maternidades feministas; Mariana Menéndez, del Colectivo Minervas; y Victoria Furtado, de Escuela de Formación Feminista.

Entre las muchas ideas, datos, fundamentos, argumentos y conceptualizaciones expresadas en forma intercalada por las entrevistadas, destacamos las siguientes:

“Hace por lo menos 5 años empieza otra vez esta ebullición” feminista, aproximadamente 3 décadas después del empuje feminista anterior en el país. “En 2014 (…) nos reunimos unas 400 compañeras y ahí empezamos a hacer las alertas feministas” que se activan ante cada asesinato de mujer.

Un paso esclarecedor en ese camino fue “entender que esa violencia” especialmente terrible y materializada en los femicidios, “estaba hilada con otras muchas violencias” cotidianas, permanentes y por lo general invisibilizadas.

“Insistimos mucho en lo pedagógico que tiene que ser esta lucha” y de hecho “para nosotras mismas es una instancia de aprendizaje” desde su propia condición “de mujeres”, apuntando en forma integral y sistemática a “las cosas que queremos cambiar”.

En cuanto a “los distintos ritmos” de aprendizaje y toma de conciencia por parte de muchos varones respecto de esta realidad histórica que los feminismos buscan modificar, “también tienen que ver a veces con resistencias” explícitas e implícitas que muchos hombres interponen al cambio de actitud y lógica vincular, resistencias “muy fuertes a esto que nosotras estamos desordenando” con la lucha organizada.

“Todavía nos falta construir discurso desde las maestras uruguayas” en cuanto mujeres educadoras que además son madres en casi todos los casos.

Un problema que parece menor pero refleja al mismo tiempo varias dimensiones de la opresión que aún caracteriza a las relaciones entre hombres y mujeres, es “quién cuidaba a los chiquilines cuando nos sentábamos” entre mujeres a ocuparse de sus movidas y organizar sus actividades específicas, como la militancia entre otras.

“Realmente estamos en un momento de rebelión de las mujeres” a escala mundial, al punto de que “hasta la Iglesia se está viendo sacudida”. La lucha feminista “es una fuerza que sacudió al mundo”.

“El 8 de Marzo” está directamente relacionado con, y proviene de, “las luchas obreras de las mujeres” desde el siglo 19 en Europa y Estados Unidos.

Uno de los grandes desafíos del feminismo y que atañe especialmente a las mujeres educadoras y docentes, radica en “empezar a deconstruir eso de la familia tipo”. De hecho, en los centros de estudio “lo que estamos viviendo todos los días es muy distinto a lo que nos están diciendo” sobre la familia tipo desde las usinas políticas y partidarias más conservadoras.

“El feminismo interpela” la estructura vincular dominante entre sexos y géneros para “no naturalizar lo de que ´esto es así´” y no puede ser distinto.

“Está habiendo adentro de las organizaciones” sociales y sindicales de América Latina “una rebelión de las mujeres”, y desde ya puede preverse que “no va a haber manera de que las prácticas feministas no desordenen” a las organizaciones tal como han funcionado hasta hoy día.

“No existen feminismos por fuera del pueblo” y en ese sentido “el PIT-CNT es un aliado” natural e histórico del feminismo, que de todos modos reproduce una cultura patriarcal dominante que lleva inexorablemente a “que nos cuestionemos cuáles son las contradicciones” al interior “de la clase trabajadora”.

“Queremos estar en lugares de decisión” pero no solamente eso sino además “hacer política de otro modo” que los hombres.

“Muchas de nosotras estamos en la Universidad pero somos la primera generación” de universitarios en sus familias de origen.

Feminismo es también y fundamentalmente “esto de poder politizar la práctica cotidiana” de vida en las casas y núcleos familiares y sociales, sin tener porqué expresarse necesariamente en un activismo orgánico de asociaciones civiles con estructuras, estatutos, calendarios, reuniones, etc.

“El cuerpo de las mujeres ha sido territorio histórico de la política patriarcal” y por ello el reto más grande y hondo quizá sea “cómo podemos políticamente recuperar nuestro cuerpo” en cuanto territorio social y cultural en construcción, “no desde una política individual y capitalista”.